Especies extintas en 2026: las seis pérdidas más alarmantes del último año

Sin despedidas estruendosas, seis historias evolutivas terminaron para siempre, lo que refleja la fragilidad de los ecosistemas cada vez más presionados por la implacable fuerza humana.

El zarapito fio, una de las ausencias para finales del 2025. El zarapito fio, una de las ausencias para finales del 2025. Fuente: Infobae
Por Luisina Acosta Hace 1 Hs

No hubo grandes despedidas ni conmemoraciones demasiado estruendosas; de hecho, no hubo siquiera un ruido. Para finales de 2025 desaparecieron para siempre seis historias evolutivas, las cuales se consumaron en silencio. Ahora la ciencia puso nombre y fecha a varias ausencias definitivas del mundo animal.

Del mundo animal examinado por la ciencia, casi el 28% de las especies aparece en el registro de amenazadas, mientras que para 2025, fueron seis los grupos que ya no pueden encontrarse en la naturaleza. La Lista Roja de Especies Amenazadas no declara extinciones a la ligera, sino que deben pasar décadas sin registros confirmados tras exhaustivas búsquedas. Así fue que para el último año, fueron varios de los grupos que ya no pudieron volver a encontrarse.

Aunque parezcan cifras pequeñas, no se trata más que de pérdidas evolutivas significativas, comunidades enteras desaparecidas y un cambio profundo en el orden de la naturaleza. Estos números no solo hablan de biodiversidad perdida, sino también de fragilidad. Reflejan ecosistemas cada vez más presionados y una velocidad de cambio que supera nuestra capacidad de respuesta. Pensar la extinción en tiempo presente incomoda porque rompe una idea profundamente arraigada: la de que siempre habrá tiempo para actuar.

Los nombres de la ausencia

Entre las bajas más sensibles confirmadas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) se encuentra el zarapito fino. Esta ave migratoria, que alguna vez unió los cielos de Eurasia con el norte de África, no volvió a ser vista desde mediados de los noventa. Su desaparición marca el fin de una travesía milenaria, víctima de la transformación radical de los humedales y costas que utilizaba como refugio.

El escenario oceánico también aportó su cuota de pérdida con el Conus lugubris, un caracol marino exclusivo de Cabo Verde. Su caso es el reflejo de las extinciones que ocurren lejos del foco mediático: un invertebrado que habitaba un ecosistema costero frágil y cuya última señal de vida se remonta a la década de 1980. Su confirmación oficial llega décadas después, cuando el rastro de su hábitat ya ha sido borrado por la actividad humana.

El drama australiano y los habitantes de las islas

Australia, un continente clave para la biodiversidad, concentró la mayor parte de estas despedidas. La ciencia confirmó la desaparición de tres especies de bandicoots, pequeños marsupiales nocturnos que no lograron sobrevivir a la combinación letal de depredadores introducidos y la fragmentación de su hábitat. A ellos se suma la musaraña de la Isla Christmas, un mamífero discreto visto por última vez hace cuarenta años, cuya existencia sucumbió ante enfermedades invasoras y la alteración de su entorno insular.

Estas pérdidas no son hechos aislados, sino síntomas de una tasa de extinción que hoy supera con creces el ritmo natural. La destrucción de hábitats, la contaminación y el cambio climático están acelerando un proceso donde incluso las especies más pequeñas, aquellas que sostienen equilibrios complejos que apenas empezamos a comprender, se retiran de la escena sin dejar testigos.

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