La felicidad no pasa por la plata, según un estudio de Harvard

El motor de una vida larga y saludable no es la fama, sino la calidad de nuestros vínculos.

LA CLAVE. Los vínculos sociales. LA CLAVE. Los vínculos sociales.
Hace 3 Hs

A menudo nos convencemos de que la clave del éxito y la plenitud residen en una cuenta bancaria abultada. Sin embargo, la ciencia parece tener una respuesta mucho más sencilla y, a la vez, profunda. El Estudio de Harvard sobre el Desarrollo Adulto, que se mantiene activo desde hace más de 85 años, llegó a una conclusión que redefine nuestras prioridades: el motor de una vida larga y saludable no es la fama, sino la calidad de nuestros vínculos.

El artículo, publicado en ZME Science, repasó la investigación longitudinal más exhaustiva jamás realizada. Iniciada en 1938, durante la Gran Depresión, la investigación comenzó siguiendo la vida de 268 estudiantes de Harvard y luego se amplió para incluir a residentes de barrios humildes de Boston. Hoy, tras ocho décadas de seguimiento a miles de personas, el mensaje es contundente: las relaciones saludables son el mayor predictor de bienestar.

Vínculos y medicina

A lo largo de los años, los directores del estudio observaron que las personas con vínculos fuertes y de apoyo con su familia, amigos y comunidad no solo son más felices, sino que gozan de una mejor salud física. La soledad, por el contrario, actúa como un factor de riesgo tan dañino como el tabaquismo o el alcoholismo. No se trata de la cantidad de amigos que uno tiene, sino de la profundidad y la confianza de esas conexiones.

“El hallazgo sorprendente es que nuestras relaciones y qué tan felices somos en ellas tiene una influencia poderosa en nuestra salud”, explica Robert Waldinger, director del estudio y profesor de psiquiatría en Harvard.

Satisfacción a los 50

Una de las revelaciones más impactantes del estudio es la capacidad de predicción que tienen nuestras relaciones sobre nuestra vejez. Al analizar los datos de los participantes cuando promediaban los 50 años, los investigadores descubrieron que los niveles de colesterol o la presión arterial no eran los mejores indicadores de cómo envejecerían.

“Fue lo satisfechos que estaban en sus relaciones. Las personas que estaban más satisfechas en sus relaciones a los 50 años eran las más sanas a los 80”, afirma Waldinger.

Aptitud social

Para mantener estas conexiones vivas, el estudio introduce una idea innovadora: la aptitud social. La investigación, que ahora incluye a los descendientes de los participantes originales, analiza cómo los entornos de la infancia y las decisiones de vida impactan en la longevidad. La gran lección que deja Harvard es que, aunque el dinero y el éxito profesional brinden muchas comodidades, son los afectos lo que realmente nos sostiene a lo largo de los años.

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