La lengua es un organismo vivo que pertenece a cada uno de los hablantes

Por María del Carmen Pilán - Doctora en Letras, docente e investigadora de la UNT.

Hace 3 Hs

Desde 1780, la Real Academia Española (RAE) ha publicado 23 ediciones del Diccionario de la lengua española (DEL). En cada actualización se despierta un interés que va más allá de la lingüística. Las incorporaciones funcionan como un termómetro cultural: se registran prácticas sociales emergentes, innovaciones tecnológicas y realidades que poco a poco van a formar parte de nuestra habla cotidiana.

La 24 edición del DLE se presentará en noviembre de 2026 e incluirá 330 ocurrencias entre nuevos términos y acepciones. En su recolección, documentación y clasificación cumplen un rol fundamental las Academias de la Lengua española distribuidas en el mundo hispanohablante quienes trabajan con grandes corpus textuales que reúnen textos de la prensa, de la literatura, académicos y registros digitales. Una vez evaluadas la frecuencia de uso, la extensión geográfica y la adecuación al sistema español son incorporados en el diccionario.

Los vocablos aceptados se agrupan en palabras nuevas, nuevas acepciones que se adjudican a vocablos ya aceptados y los extranjerismos, generalmente anglicismos, es decir, palabras de origen inglés.

Entran a formar parte del diccionario en la versión 23.8.1 términos como: crudivorismo entendido como “el régimen alimenticio basado en el consumo de productos crudos y sin procesar”, farlorpa o falopa, para designar a la cocaína; autovacuna; y besar con la acepción de “chocar ligeramente con otro vehículo”.

Me voy a detener en algunas de estas nuevas incorporaciones y mi selección se debe a que designan a veces realidades tremendas, acepciones que entre nosotros no son de uso habitual y, en último caso, la vitalidad de algunos préstamos.

La palabra mena es el acrónimo de “menores extranjeros no acompañados”. A veces usado de manera despectiva nos muestra una realidad compleja y despiadada que sufren muchos niños y niñas migrantes que llegan solos a las costas europeas.

El adjetivo brutal, entendido como algo magnífico o maravilloso; el verbo chapar con el significado de tapiar, cerrar. Este caso me parece interesante pues habría que preguntar a los habitantes de Termas de Río hondo si lo utilizan para designar a la acción de cerrar, clausurar hoteles y confiterías con chapones durante el período estival, pues entre nosotros, hablantes del NOA, el verbo chapar significa besar y acariciar íntimamente a otra persona. Sería improbable, entonces, la expresión “vamos a chapar el hotel”.

En lo que respecta a los extranjerismos, me parece oportuno recurrir a la metáfora que utiliza el lingüista valenciano José Gómez Capuz en su libro “La inmigración léxica”. Los extranjerismos son como los inmigrantes, arriban a la frontera de una lengua desde otra lengua y pasan -del mismo modo que los seres humanos- por distintas etapas de acomodamiento y asimilación.

En la primera, se asoman tímidamente, comienzan a utilizarse en la prensa, en las redes generalmente están marcadas por cursivas o negritas que indican aún cierta “extranjería”. Sería el caso de gif, hashtag y mailing, entre otras.

En la segunda etapa, del mismo modo que los inmigrantes interactúan en la sociedad receptora, los extranjerismos se han instalado y los hablantes comienzan a sentirlos y a usarlos como integrantes de su vocabulario. Un ejemplo es “streaming”, de uso muy difundido y que ya casi no lleva ninguna marca cuando aparece escrito.

En la tercera, tanto los inmigrantes como los extranjerismos han adquirido su documento de identidad. En el caso de las palabras, los sustantivos se asimilan a las normas de nuestra lengua. Es el caso de loguear/loguearse, por ejemplo, palabra de base inglesa que significa acceder mediante identificación y contraseña a una computadora, a un sitio web o a un sistema, término usado una infinidad de veces durante la última sesión de Diputados.

Nuevos vocablos, nuevas acepciones, nuevos diccionarios… La lengua es un organismo vivo que pertenece a cada uno de los hablantes. Somos nosotros, con su uso, quienes damos sentido y forma al mundo en el que habitamos.

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