23 Enero 2005 Seguir en 

"Pienso que tal vez fue demasiado pronto, pero bueno así se dio, y lo trato de sobrellevar de la mejor manera posible, con mucha responsabilidad". Así le respondió a LA GACETA el contratenor Franco Fagioli. cuando se le consultó sobre su éxito nacional e internacional.
Es que el joven tucumano tiene prácticamente todo el año agendado con contratos para cantar en Suiza, en Alemania y en otros países europeos. "Todo esto son cosas con las que soñaba, eran proyectos que creía que se iban a concretar más tarde, pero Dios lo quiso así, y lo vivo como algo muy bello", admitió. "Depende de los pueblos y su cultura. Si se mantiene la ópera se despertará el interés de la gente, porque todo pasa por la difusión y por la decisión de hacerlo. No creo que sea para una élite", contestó ante una consulta; "hace una falta una educación cultural", acotó el joven tucumano.
Mano a mano
Franco reconoció que por su trabajo "se pagan buenos cachets. Yo estoy bien y en general recibo remuneraciones importantes".
- Un cantante de ópera debe también actuar, ¿cómo te llevas con las dos partes? ¿cómo coexisten en vos?
- Tengo un gusto por la actuación y me entrego al rol. Pero yo provengo de lo vocal y de lo técnico, y trato de comunicarlo escénicamente. Me llevo bien con los dos roles, aunque a veces la actuación tiene su dificultad, por eso he realizado estudios previos. Además tenemos la guía del regisseur que nos ayuda.
- El contratenor es un registro especial, ¿te ha costado llegar allí?
- No, no me costó porque es natural en mi casa. No significa un mayor esfuerzo ni una mayor exigencia. No lo haría si fuera sí. Es que poco a poco la laringe te va permitiendo encontrar ese sonido...no hay nada místico en el tema.
Fagioli comenta que la figura del contratenor resurgió en la década del 50 del siglo pasado, a través del mal llamado "falsete": "se llama en realidad voz de cabeza".
Desde la infancia
Franco rememora que desde niño escuchaba a su madre cantar una canción de cuna, y asegura que ese recuerdo influyó decidídamente en su vocación. "Mi mamá todavía canta (en una compañía de zarzuela), así que me crié en un ambiente musical, y luego integré el coro de niños", manifiesta.
"Ya no toco el piano, salvo cuando lo hago solamente para mi", dice, luego de comentar que probó diferentes aspectos de la música, hasta que sintió que cantar era lo suyo.
Fagioli tiene compromisos internacionales todo el año, pero aclara que está aprendiendo a decir no. "Cuando uno vive allá no es fácil hallar amigos, sobre todo porque tenemos mucho tiempo de ensayo, habitualmente 4 horas por la mañana y 4 por tarde. En general me cuido de no gritar y ante los cambios climáticos. No hago dieta, pero trato de cocinarme yo mismo".
A los 23 años, Franco añora jugar al tenis y al futbol, aunque en menor medida.
Es que el joven tucumano tiene prácticamente todo el año agendado con contratos para cantar en Suiza, en Alemania y en otros países europeos. "Todo esto son cosas con las que soñaba, eran proyectos que creía que se iban a concretar más tarde, pero Dios lo quiso así, y lo vivo como algo muy bello", admitió. "Depende de los pueblos y su cultura. Si se mantiene la ópera se despertará el interés de la gente, porque todo pasa por la difusión y por la decisión de hacerlo. No creo que sea para una élite", contestó ante una consulta; "hace una falta una educación cultural", acotó el joven tucumano.
Mano a mano
Franco reconoció que por su trabajo "se pagan buenos cachets. Yo estoy bien y en general recibo remuneraciones importantes".
- Un cantante de ópera debe también actuar, ¿cómo te llevas con las dos partes? ¿cómo coexisten en vos?
- Tengo un gusto por la actuación y me entrego al rol. Pero yo provengo de lo vocal y de lo técnico, y trato de comunicarlo escénicamente. Me llevo bien con los dos roles, aunque a veces la actuación tiene su dificultad, por eso he realizado estudios previos. Además tenemos la guía del regisseur que nos ayuda.
- El contratenor es un registro especial, ¿te ha costado llegar allí?
- No, no me costó porque es natural en mi casa. No significa un mayor esfuerzo ni una mayor exigencia. No lo haría si fuera sí. Es que poco a poco la laringe te va permitiendo encontrar ese sonido...no hay nada místico en el tema.
Fagioli comenta que la figura del contratenor resurgió en la década del 50 del siglo pasado, a través del mal llamado "falsete": "se llama en realidad voz de cabeza".
Desde la infancia
Franco rememora que desde niño escuchaba a su madre cantar una canción de cuna, y asegura que ese recuerdo influyó decidídamente en su vocación. "Mi mamá todavía canta (en una compañía de zarzuela), así que me crié en un ambiente musical, y luego integré el coro de niños", manifiesta.
"Ya no toco el piano, salvo cuando lo hago solamente para mi", dice, luego de comentar que probó diferentes aspectos de la música, hasta que sintió que cantar era lo suyo.
Fagioli tiene compromisos internacionales todo el año, pero aclara que está aprendiendo a decir no. "Cuando uno vive allá no es fácil hallar amigos, sobre todo porque tenemos mucho tiempo de ensayo, habitualmente 4 horas por la mañana y 4 por tarde. En general me cuido de no gritar y ante los cambios climáticos. No hago dieta, pero trato de cocinarme yo mismo".
A los 23 años, Franco añora jugar al tenis y al futbol, aunque en menor medida.
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