Una oportunidad de oro

El éxito de las Naranjas y las Naranjitas en Paraná puede servir para captar nuevas chicas.

03 Dic 2019 Por Federico Espósito

En tiempos en los que el rugby tucumano se ha visto relegado en el mapa nacional a nivel clubes y también despojado de una competencia oficial para los Naranjas, la consagración de los seleccionados provinciales femeninos en el Seven de la República resulta doblemente reconfortante. La ratificación de las mayores en el trono nacional, así como el estreno demoledor de las juveniles, confirma que talento hay de sobra por estas tierras, y que si se lo apuntala con trabajo, planificación y buena competencia, Tucumán puede sostenerse en lo alto por mucho tiempo y seguir sumando jugadoras a sus filas.

Ese será un éxito aún mayor. Porque sí, la doble consagración en Paraná merece el calificativo de histórica, de eso no hay dudas, pero con el paso de los años, las copas van perdiendo brillo en los estantes y las fotos se van poniendo amarillas en las paredes. El triunfo será perdurable si se logra aprovechar la visibilidad que dan este tipo de conquistas para seguir captando chicas nuevas en toda la provincia (cuanto más jóvenes, mejor) y renovar la motivación de las que ya lo juegan. El rugby femenino no puede darse el lujo de perder gente.

En ese sentido, fue un gran acierto que se haya articulado una competencia para las juveniles, que al fin y al cabo son el futuro de esta disciplina. Por esa misma razón, será importante también que los clubes trabajen en la captación de infantiles, para asegurar el futuro de las juveniles.

MAYORES. Tucumán es uno de los polos principales del país. Su presencia en Las Pumas lo reafirma.

Ya pensando en el proceso 2020 de los seleccionados, puede ser resultar valiosa la intención de desarrollar algunos entrenamientos en clubes emergentes, tanto en la capital como en el interior de la provincia.

Seguir creciendo

Emilio Valdez, head coach de los seleccionados femeninos y a la vez Director del Centro de Rugby donde se trabaja con juveniles, hace hincapié en que estas naranjas son fruto de un largo proceso. “Nos da orgullo porque lo hemos trabajado, y sobre todo hemos tratado de impregnar el sentimiento y el respeto por esta camiseta. El viernes a la noche, antes de entregarles las camisetas, les hablamos un poco de la historia y de por qué es tan importante, de quiénes la vistieron y de lo que para cada jugador significa”, contó Valdez, para quien todavía hay margen de mejora a nivel institucional.

“Esto no debe quedar en un nombre o en las ganas de un loco. Tiene que ser un plan, un proyecto institucional sostenido por la Unión. Al rugby femenino le sobran ganas, pero necesita dirección y control. Con eso, y buenos campeonatos, puede crecer exponencialmente”.

Comentarios