Violencia de adolescentes en el pasaje Bertrés

14 Abr 2019 Por LA GACETA

Existe desde siempre porque forma parte de la naturaleza humana. Porta distintos ropajes y puede ser física o psicológica, o ambas simultáneamente. Según la Organización Mundial de la Salud, la violencia juvenil es un problema mundial de salud pública. Las riñas físicas y la intimidación son frecuentes entre los jóvenes. En un estudio realizado en 40 países en desarrollo se mostró que una media del 42% de los niños y del 37% de las niñas estaban expuestos a la intimidación. En los últimos lustros, la violencia viene ganando terreno en la sociedad tucumana: desde el motoarrebato callejero hasta el acoso en las escuelas y en los ámbitos laborales.

Desde hace tiempo, en particular los viernes al mediodía, el pasaje Felipe Bertrés, ubicado entre Virgen de La Merced y Monteagudo, en pleno Barrio Norte, es escenario de grescas de adolescentes. Los participantes de estas peleas a puñetazos y patadas son, por lo general, menores de 16 años. Un sereno de la zona afirmó que los chicos llegan con todo armado y pelean. “Hace cinco años que estoy aquí y siempre fue igual”, dijo.

Una abogada y periodista señaló que los chicos se pasan las mañanas completas tirados en las veredas del pasaje consumiendo alcohol. “No hay un control ni de las autoridades de los colegios, ni de la Policía, ni de los padres... son verdaderas grescas donde hay trompadas y un grado de violencia que pone en evidencia lo mal que vivimos; es muy grave lo que pasa aquí”, sostuvo.

Un director de orquesta que vive en el pasaje manifestó que se hartó de denunciar la situación. “La Policía muestra buena disposición pero ni los colegios ni el Ministerio hacen nada... el porro abunda”, aseguró. El director de la Guardia Urbana de la Policía indicó que tratan de disuadirlos, pero por ser menores de edad solo puede invitarlos a retirarse. En casos graves, la Policía los conduce a la comisaría para que los padres los retiren luego. El titular de Asistencia Técnico-Pedagógica del Ministerio de Educación dijo no estar informado sobre esta cuestión y acotó que su área ya trabaja en la búsqueda de soluciones para este tipo de situaciones. Según dijo, los establecimientos educativos cuentan ahora con agentes de paz que se ocupan de denunciar casos de violencia. “Entonces podemos intervenir para prevenir”, agregó.

La violencia juvenil llegó al extremo en mayo de 2017 cuando un alumno del Gymnasium Universitario fue asesinado durante una pelea en la esquina de 25 de Mayo y Santiago del Estero. El hecho conmocionó a la sociedad y hacía suponer que generaría un debate a fondo para encontrar soluciones. Sin embargo, los hechos violentos a cargo de adolescentes volvieron a ocurrir en las semanas subsiguientes, pero sin víctimas mortales.

La violencia juvenil es el resultado de la incomunicación en el hogar y en el colegio, de la falta de contención de los adultos y del sistema educativo. Los adolescentes que recurren a los golpes para zanjar sus diferencias están revelando una incapacidad muy grande para dialogar y llegar a un entendimiento. Estos episodios que se reiteran son mucho más que “cosas de chicos”, y deberían concitar la atención de los padres y de las autoridades. ¿Por qué no incorporar, por ejemplo, la mediación como una herramienta eficaz para resolver los conflictos entre los chicos? ¿Por qué no canalizar la energía adolescente en el incremento de la práctica deportiva?

¿Cómo es posible que estas grescas que suceden desde hace tiempo en el pasaje Bertrés no hayan llegado a oídos de las autoridades, pese a las denuncias de los vecinos y al conocimiento de la misma Policía? No es mirando hacia otro lado como se solucionan los problemas. A casi dos años del trágico homicidio del estudiante del Gymnasium en la vía pública, la violencia juvenil sigue con vida en Barrio Norte.

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