La Sala África invita a los tucumanos a conocer de cerca numerosos animales exóticos

El espacio quedó inaugurado ayer y se nutre con la colección cedida a la Fundación Miguel Lillo por la familia Gerlero-Anchorena.

09 Sep 2017

Hay antílopes que miden 1,35 metro de longitud, llegan a los 80 centímetros de alto y pesan entre 35 y 70 kilos. Hay otros antílopes con cuernos pequeños, llamados Duiker común. Sorprenden un hipopotamo y un elefante. En total son 280 los ejemplares taxidermizados, que es el arte de disecar animales para mantenerlos con apariencia de vivos y facilitar así su exposición, estudio y conservación.

La Sala África se inauguró ayer oficialmente en el Instituto Miguel Lillo. La iniciativa fue impulsada por la familia Gerlero-Anchorena, que donó los ejemplares originarios del “continente negro”. El museo exhibe ahora especies animales africanas enmarcadas en réplicas de sus ambientes en tamaño natural. Bajo el lema “No se puede proteger lo que no se conoce”, el Lillo pretende ofrecer a los tucumanos la posibilidad de conocer estas especies provenientes de lugares remotos.

Pasado el mediodía, la directora del Museo de Ciencias Naturales, Liliana Ferrari, recibió al gobernador, Juan Manzur, y a algunos miembros de la familia Gerlero-Anchorena para el acto formal de apertura de la sala. También asistieron los integrantes de la comisión asesora vitalicia de la Fundación Miguel Lillo.

Eduardo García Hamilton, presidente de la Fundación, agradeció el respaldo financiero del Gobierno peovincial para concretar el traslado de los ejemplares hasta su emplazamiento en la sala. “Es un honor para nosotros tener esta donación, porque nuestra misión es la conservación de la flora y de la fauna y la geodiversidad”, expresó.

Consciente del valor educativo y museológico de la colección, la Fundación Lillo aceptó la donación con la idea de apostar a la educación de las nuevas generaciones de tucumanos. “Sin las colecciones no existirían los museos -remarcó Ferrari-; la sala que con orgullo estamos inaugurando es el fruto de un esfuerzo en equipo, en el que se conjugaron la creatividad, los talentos individuales y la buena disposición de un grupo de personas que trabajan en nuestra institución. Nuestro único fin es ofrecer al público una exposición de excelencia; por eso agradecemos a la familia Gerlero-Anchorena por haber elegido a nuestro museo de Ciencias Naturales como depositario de tan importante colección”.

Las gestiones

Afuera de la sala, un grupo de empleados gastronómicos ultimaba los preparativos para un brindis de honor. Mientras tanto, en la sala, el gobernador Manzur resaltaba la gestión en conjunto. “Un día vino a verme José Frías Silva. Cada vez que él me llama lo atiendo, porque siempre tiene cosas lindas para Tucumán -detalló Manzur-. Me habló de que era una posibilidad única, no sólo en Argentina, sino en Latinoamérica, de tener la colección gracias al altruismo de la familia Gerlero-Anchorena, que quería ver la posibilidad de que esto se exhibiera en Tucumán. Cuando me mostraron las fotos quedé encantado y pregunté: ¿qué hay que hacer? Me dijeron que había que resolver el traslado y el acondicionamiento para poder mostrarlo y se hizo realidad”, precisó.

El gobernador recorrió el predio y conoció varias de las exposiciones que se exhiben en el Lillo, mientras un grupo de estudiantes seguían con su rutina cotidiana en uno de los tantos espacios verdes que rodean al predio. “Imagino la cantidad de niños -dijo Manzur- que van a venir aquí a aprender, a despertar la vocación y esto es lo que tiene que ver con que Tucumán esté mejor. Pero no sólo eso, sino que hay más proyectos y planes hacia el futuro. Tucumán tiene muchas joyas y por ahí no alcanzan la visibilidad que merecen”.

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