Un desafío para la clase dirigente y la ciudadanía

13 Ago 2017

Toda elección, particularmente en nuestra provincia, suele presentar irregularidades que se han convertido en costumbre desde hace varios lustros. Estas llegaron a su máxima expresión en los últimos comicios de 2015, donde denuncias de todo tipo y calibre generaron un escándalo a nivel nacional: quema de algunas urnas, mesas anuladas y urnas vacías, bolsonerismo, etcétera. Se llegó a pedir la anulación de la votación, con el principal argumento del fraude. Se sucedieron luego multitudinarias marchas de protesta contra el supuesto fraude y a favor de un sistema electoral transparente; una de ellas fue reprimida por el gobierno provincial. En su reciente fallo sobre el asunto, la Corte Suprema de la Nación señaló, entre otras consideraciones, que estos pocos episodios ocurridos no eran suficientes para anular una elección.

El clientelismo es una de las características principales que se manifiesta durante el acto comicial tucumano y días antes de su realización. Se soborna al votante obsequiándole mercadería o dinero y para asegurarse que irá a votar, se lo traslada hasta el lugar donde debe sufragar, es lo que se conoce como el acarreo de gente. Esta práctica deshonesta e ilegales se convirtió en un hábito deplorable entre los corruptores y los corrompidos y pese que los comicios ello es evidente y a que nuestro diario las ha ilustrado estas acciones a través de sus imágenes y videos la Justicia casi siempre ha mirado para otro lado y no se conocen personas que hayan recibido sanción por tal transgresión. El Código Electoral de la Nación (Ley N° 19.945) prevé castigos de uno a tres años de prisión por delitos electorales.

En todo el país, se realizan hoy las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) en todo el país, en las que 1.260.000 tucumanos están habilitados para elegir los candidatos que el 24 de octubre próximo definirán las cuatro bancas de diputados nacionales que se renuevan, por cuatro años (2017-2021), en el Congreso de la Nación.

Para evitar algunas de las artimañas, la Cámara Nacional Electoral desmembró dos circuitos (la capital y El Manantial) para evitar que los sufragantes deban caminar más de seis cuadras y que sean acarreados. Se recordó que durante todo el día se darán curso a las denuncias que se hagan por violaciones a las normas electorales. La Municipalidad capitalina anunció operativos de tránsito para que ningún vehículo del transporte público (taxis, colectivos ni transportes escolares) traslade electores.

La posibilidad de hacer trampa en un proceso electoral es una realidad, sobre todo teniendo en cuenta que la picardía y la transgresión forman parte de nuestra idiosincrasia. A dos años de los escandalosos comicios en los que se eligieron presidente y gobernador, y pese a que no se ha modificado el sistema electoral provincial que favorece delitos -como el bolsonerismo, por ejemplo- en estas PASO, la clase dirigente se halla frente al desafío de mostrar que ha aprendido una lección. En sus manos, está la posibilidad de los vergonzosos episodios no vuelvan a repetirse. Una buena parte de la ciudadanía puede demostrar que puede cumplir espontáneamente y por decisión propia con su obligación de votar y que no necesita de ningún soborno o puntero para hacerlo.

Sería importante que los postulantes a representar a los ciudadanos aprendieran a ser buenos perdedores y no recurrieran a las consabidas acusaciones de timo electoral, que muchas veces carecen de sustento y son más bien oportunistas. Si ello llegara a ocurrir, sería un indicio importante de que vamos madurando como sociedad y podríamos afirmar luego que estas PASO fueron una fiesta de la democracia.

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PASO 2017
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