En Villa Amalia conmemorarán el cierre de los ingenios

La medida tomada por Onganía, en 1966, significó el cese de 11 establecimientos azucareros y condenó a miles de tucumanos a emigrar

20 Ago 2016

La industria azucarera constituyó la columna vertebral de la estructura económica y social de Tucumán. En sus diferentes etapas fue construyendo realidades sociales distintas, pero la más crucial y compleja fue el abrupto cierre de los ingenios azucareros tucumanos mediante el decreto ley 16.926 del 21 de agosto de 1966, medida tomada por el gobierno de facto presidido por Juan Carlos Onganía. A través de aquella decisión, 11 establecimientos debieron cerrar forzosamente, condenando a miles de tucumanos a emigrar hacia otros destinos.

En el marco de los 50 años de aquellos sucesos, la Subsecretaría de Cultura y Deportes de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán junto con el ISES Conicet , propuso una jornada denominada “Tucumán es azúcar”, presentando documentos fotográficos y fílmicos inéditos, con testimonios orales de los protagonistas que vivieron las épocas de glorias y crisis de la industria zafrera en Amalia.

El encuentro se realizará el lunes, desde las 11, en la escuela Deán Gregorio Funes, de esta ciudad.

El ingenio Amalia cerró sus puertas en 1967. Durante la jornada de conmemoración, se expondrá el impacto que tuvo aquel cierre, con testimonios de la comunidad.

Se tomó metodológicamente la reducción de la escala de análisis y la historia oral como una de las fuentes principales para la reconstrucción del pasado, se indicó desde la intendencia que conduce Germán Alfaro. “Es una versión diferente de una historia más cercana a la cotidianidad”, se expresa.

La reconstrucción

En este proyecto, intervino la comunidad de Amalia a través de 16 obreros entrevistados que “fueron tomados como sujetos históricos particulares, protagonistas de la resistencia en contra del cierre del ingenio”. También participaron el personal técnico y profesional de la Municipalidad de San Miguel de Tucumán y el equipo del ISES Conicet, que recopilarán aquella historia en paneles temáticos que serán donados a la escuela Deán Funes.

“…El cierre del ingenio fue desesperante era tristeza y desastre, no teníamos para comer, las mujeres comenzamos a ir a pedir al mercado de abasto para cocinar en la olla popular”, testimonia Dolores Pereira.

René Romano, por su parte, dice: “el momento más triste para los hombres fue cuando llegó el telegrama de despido; con eso ya se nos fueron las esperanzas de que vuelva a andar el ingenio; luchamos hasta el último pero no hubo caso; ya se sentía perfume a cierre”. “Las mujeres no claudicaron hasta el último lucharon con nosotros”, testimonia.

Gregorio Orellana ingresó el ingenio en 1956. Desempeñaba sus funciones en la usina. “Fuimos a Bella Vista a juntarnos con trabajadores de otros ingenios que también habían cerrado. La policía no nos dejaba pasar en la ruta, hasta que llegamos. Ahí se armó una trifulca, ese día mataron a una señora, Hilda Guerrero”, relata.

Esther Quinteros suma sus vivencias a aquel día del cierre masivo de los ingenios azucareros tucumanos que obligó a un verdadero éxodo de coprovincianos hacia otros distritos. “Durante el gobierno de Ongania, que Dios sabrá dónde lo va a poner, todo era una sepultura; todos lloraban y la sirena del ingenio sonaba como despidiendo a sus obreros. La gente no sabía qué hacer; deambulaba”, rememora.

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