Reverso llevó el básquet femenino de Tucumán a lo más alto de Sudamérica

01 Agosto 2016
Yolanda Reverso nació el 11 de enero de 1927. Los que creen en el destino jurarán que, a raíz de ese caprichoso suceso, su sino ya estaba prefijado: el básquet femenino empezó a jugarse en Tucumán durante la década de 1920. El desempeño de Reverso en este deporte hizo que el periodista Víctor Lupo la incluya en su libro 100 ídolos tucumanos 1912-2012. En el texto, el autor da cuenta del palmarés de la basquetbolista, que falleció el sábado: múltiple campeona con Huracán BB (de niña vivía en la primera cuadra de la actual calle San Martín; por lo que el club del “Globito” le quedaba a unos pocos metros), dos veces subcampeona nacional con el seleccionado de nuestra provincia, subcampeona y campeona sudamericana con la selección argentina.

Según se detalla en el libro, Reverso había integrado el plantel del combinado tucumano que participó del primer Campeonato Argentino de Básquet Femenino, jugado en Catamarca. Las “porteñas” ganaron en forma invicta; y la selección de nuestra provincia quedó en segundo lugar. Debido a su juego durante ese torneo, Reverso fue convocada por primera vez para la selección nacional.

El segundo Campeonato Argentino se juega en Tucumán, al año siguiente. Se repite la final y el resultado; y otra vez Reverso fue citada para el combinado argentino. Con ese equipo logra el subcampeonato sudamericano, en Chile, al perder la final contra las locales. La vuelta olímpica con la selección nacional llegaría en 1948, en Buenos Aires, en lo que fue la reedición de la final del anterior campeonato internacional. “Allí por primera vez jugamos en un piso de parqué. Concurrió el general Juan Domingo Perón con su bella esposa Evita. Ellos nos entregaron los premios”, había contado Reverso, entrevistada por Lupo hace cuatro años. En ese torneo ella logró el segundo lugar en la prueba de tiros libres. El capítulo del libro dedicado a Reverso cierra con una anécdota curiosa, relatada por la propia protagonista: “cuando las jugadoras de básquet nos hicimos famosas nos invitaban de todas las ciudades de la provincia para que vayamos a jugar. Así, varias veces concurrimos al club Mercedes, en Lules. Siempre había un ‘changuito’ que nos pedía nuestros bolsos para entrar como un integrante de la delegación, y así ‘colarse’ para ver el partido. Ese niño con el tiempo llegó a la fama como (Ramón) ‘Palito’ Ortega”. Además de entrenar en el “Globito”, en el combinado provincial y en el seleccionado argentino, Reverso trabajaba en una empresa de heladeras, donde se jubiló.

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