Una carta de Gombrowicz

“Aprendé, en una palabra, a tolerar bien lo pretencioso y lo vergonzante de tu situación, eso de aparecer como un aspirante a la superioridad, un candidato al puesto de artista”, recomendaba el gran escritor polaco

29 Nov 2015
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Por Hernán Carbonell - Para LA GACETA - Salto

Trabajo en una biblioteca de Salto, provincia de Buenos Aires. La misma biblioteca en la que -él siempre lo contaba- Antonio Dal Masetto aprendió “el idioma” una vez llegado desde Italia a un pueblo perdido de la llanura pampeana; o sea, donde se pudo meter con los grandes autores de la literatura universal a través del castellano después de tanto italiano natal. Una placa negra sobre pared beige testimonia y homenajea ese pasado formativo.

La misma biblioteca a la que suele venir -cada vez menos, pero cada tanto aparece- Jorge Vilela, amigo de su homónimo Di Paola (“Dipi, como le decíamos nosotros”), del Tano Dal Masetto y de Gombrowicz, allá por las épocas de Tandil y de otra Buenos Aires. (Podría citarse como al pasar los tres textos que Antonio le dedicó a Jorgito en Gente del Bajo, y que tienen que ver con el cúmulo innumerable del anecdotario de los Vilela, una especie de institución en pie, un colectivo familiar que con los años no ha parado de construir leyenda pueblerina).

A esta misma biblioteca suelen llegar donaciones de libros. Gente que hace limpieza y descarta lo que debería atesorar; familiares de fallecidos que intentan borrar un pasado perenne; ese tipo de desprendimientos que uno nunca llevaría a cabo.

Así, un día, llegaron más de media docena de cajas. Entre ellas, un libro pequeño, 17 por 10,5 centímetros, tapa granate, 70 páginas bien numeradas. “Esta obra fue compuesta en tipos Fairfield 10 : 12 por la Linotipía ‘Luna’, calle 49 Nº 737, y se terminó de imprimir el 15 de diciembre de 1963, en la Imprenta ‘Di Jorgi’, calle 48 Nº 885, de la ciudad de La Plata, en la Prov. de Bs. As., Rep. Argentina”.

Ese libro es Hernán. Poema dramático en cinco cuadros, editado por Ediciones del Cuadrante, ese año, en esa ciudad. Y no me hubiese llamado tanto la atención si no fuera porque lleva por título mi nombre, por autor a Jorge Di Paola Levín, y una Carta-prólogo de Witold Gombrowicz, fechada en agosto de 1963, en Berlín, y del cual transcribo aquí sus primeros párrafos:

Mi estimado “Dipi”, perdón, Jorge Di Paola Levín:

A raíz de una amistad que tiene ya tiene cinco años, casi la quinta parte de tu vida, te debo unas palabras de apoyo… Pero… ¿A quién apoyar? ¿A tu Hernán o a vos mismo? Prefiero socorrerte a vos, pobrecito, Hernán lo necesita menos.

Escúchame, autor y poeta y escritor: tu Hernán parecerá, habrá elogios de los amigos, señales de interés de parte de los literatos, surgirá algún entusiasta, quién sabe, la obra irá al teatro, a lo mejor será todo un éxito… vos mantenete firme y sonriente ante esta humillación. Te dolerán las críticas, te encantarán los piropos, buscarás afiebrado en los diarios las reseñas que te prometieron, estarás a la merced de cualquier opinión… mantené, entonces, la capacidad de la risa y la alegría. Aprendé, en una palabra, a tolerar bien lo pretencioso y lo vergonzante de tu situación, eso de aparecer como un aspirante a la superioridad, un candidato al puesto de artista.

Se lo comenté a Antonio y me respondió: “la carta de Gombrowicz es un gran hallazgo. Qué bueno poder rescatarla. Recuerdo bien la presentación del libro de Dipi, fue el primero de todos nosotros que publicó un libro, me refiero a la gente que editó la revista Eco Contemporáneo (revista de cultura y sociedad que se publicó entre 1961 y 1969) y los que se fueron arrimando, entre los cuales estaba el grupo que venía de Tandil. Obviamente tuve ese libro durante años y luego en algún turbulento recodo del camino se esfumó como tantas cosas”.

No digo que ese ejemplar que llegó a mis manos sea el que ha perdido el Tano, aunque, quién sabe.

© LA GACETA

Hernán Carbonel - Periodista y escritor.

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