Tu secreto te condena

17 May 2014 Por Federico Türpe
Apenas 13 asambleístas no tuvieron nada que ocultar ayer durante la elección del nuevo rector y vice de la Universidad Nacional de Tucumán. Fueron los únicos que votaron a favor de que la elección de los candidatos fuera nominal en vez de secreta. Los otros 143 electores levantaron la mano en favor de las intenciones ocultas y los negociados encubiertos.

En medio de una institución sospechada hasta el tuétano y donde llueven denuncias por corrupción, varias de ellas en la Justicia, hubiera sido una bocanada de aire puro para renovar tanta contaminación. Es lo que propusieron las consejeras estudiantiles de la Facultad de Ciencias Naturales Cecilia Gallo y Luciana Dominguez. “Propongo que el voto sea nominal para garantizar la transparencia de esta elección”, dijo Gallo. La respuesta fueron murmullos, abucheos y hasta risas que resonaron en la acústica del anfiteatro del Virla. ¿Por qué las risas? ¿Tal vez porque hablar de transparencia en la UNT es tan ingenuo que invita a burlarse?

Luego insistió Domínguez con la moción. Las desautorizaron Inés Hael, de Derecho, el estudiante José D’Antuene, de Exactas, y Griselda Barale, de Filosofía y Letras. Los tres argumentaron que el estatuto establece que el voto es secreto. Además de no ser cierto -esa ley establece que la Asamblea Universitaria es soberana para elegir la modalidad de la votación- ninguno cuestionó ni respondió los argumentos de Gallo y Domínguez. Simplemente dijeron no y palo y a la bolsa: a votar. El sufragio encubierto ganó 143 a 13 y así sellaron todos los acuerdos, componendas, nombramientos, favores y tráfico de influencias urdidos durante la campaña electoral.

Luego devino, como se sabe, la votación que consagró a la fórmula que integran la bioquímica Alicia Bardón y el ingeniero agrónomo José García. Explotó la algarabía en la sala cuando el resultado a favor del oficialismo ya era irreversible. Inversamente proporcional fue la desazón en los búnkers de los candidatos derrotados, sobre todo en el de Eduardo Coletti (Hotel Tucumán Center), donde se sentían con chances de ganar en un eventual balotaje.

Desde ese momento empezaron a revelarse los gestos más interesantes, quizás porque los operadores políticos aflojan las tensiones acumuladas durante semanas.

En el Virla se abrazaban como si hubieran ganado un mundial y varios estallaron en llanto al grito de “¡vamos papá, no nos para nadie!” ¿Parar? ¿A dónde irán? ¿Por qué lloran? ¿Tanta pasión por un proyecto académico? Más bien se parecía al festejo de quien gana la lotería.

Entre los seguidores de Coletti se hablaba de traición y miraban hacia el sur. Un golpe duro para algunos ex militantes universitarios radicales, como el diputado nacional Luis Sacca, quien jugó y perdió fuerte en esta elección, y también para el legislador Fernando Valdez y por elevación para el diputado nacional José Cano. Desde hace años que el radicalismo utiliza a la UNT como si fuera una sede partidaria, además de una importante fuente de financiamiento para las campañas en las grandes ligas de la política.

Hoy ese poder en la casa de Juan B. Terán, y los $1.400 millones por año, están repartidos entre el alperovichismo, La Cámpora y algunos radicales alquilados, entre ellos, el eterno ponedor de rectores José Hugo Saab, hoy nexo con el gobernador y, dicen, el verdadero rector en las sombras. Saab fue otros de los que ayer lloró en público.

Ahora Bardón y García tienen un desafío durísimo por delante: hacer equilibrio para cumplir con todo lo que prometieron públicamente en la campaña y, a la vez, con todo lo que ofrecieron en privado, promesas que ayer fueron depositadas en sobres cerrados y secretos. ¿Y la excelencia académica? Bien gracias, hoy pierde 143 a 13.

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