Malvinas narrada desde un punto de vista inusitado

Todo lo que sucede es percibido casi como un fantasma sonoro y el escenario férreo y bélico de la guerra de 1982 es “visto” con el oído

06 Abr 2014
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MONTE LONGDON, EN 2008. La autora elige narrar la guerra del Atlántico Sur desde una primera persona que le provoca un efecto auspiciante. la gaceta / foto de alvaro aurane

NOVELA

TRASFONDO

PATRICIA RATTO

(Adriana Hidalgo – Buenos Aires) 

¿Cómo se narra la espera?

¿Cómo se narra una guerra?

En Trasfondo, novela breve y contundente, Patricia Ratto narra la guerra a través de la espera.

Y lo hace sin solemnidad.

La novela esculpe la presencia fantasmal de un submarino que rueda en las difíciles y reales sombras del océano oscuro y silencioso. Aunque las fechas no están mencionadas, el lector advierte que el libro habla de una guerra conocida y perdida. Entonces, las preguntas se reformulan: ¿cómo narrar una guerra perdida? ¿Cómo narrar el fracaso a través de la espera?

Los submarinistas viajan durante dos meses hacia un destino inalcanzable. Ese destino no es un dato menor, ya que la espera es interminable y la pausa y la imposible llegada convierten al viaje en una peripecia utópica y oscura.

A medida que el lector avanza, advierte que el destino es Malvinas. Ratto, lúcida y atenta, narra la guerra de Malvinas desde un punto de vista inusitado, inusual. Trasfondo cuenta la guerra desde el submundo acuático.

El mar, la oscuridad del mar, convierten al relato en una evocación verosímil y realista de un mundo perdido y oscuro.

El punto de vista elegido (la novela está narrada en primera persona) convierte al monólogo interior en una voz acertadamente vacilante. El narrador habla de lo que oye, de lo que no escucha, y de lo que supone que escucha. Esa voz especula sobre lo que ocurre fuera de sí mismo y fuera del submarino.

La autora ha elegido narrar, entonces, la guerra de Malvinas desde una primera persona que provoca un efecto auspiciante: la guerra es no sólo lo que ocurre fuera, sino aquello vivido en el interior del submarino. El yo habla, en ciertos momentos, desde la vacilación, desde la duda.

Así, el escenario férreo y bélico de la ardiente guerra es “visto” con el oído (“aquí escuchar es como ver”). Todo lo que sucede es percibido casi como un fantasma sonoro. Los submarinistas no ven lo que ocurre afuera y tampoco saben, a ciencia cierta, lo que ocurre en el exterior. Apenas tienen percepciones esporádicas a través del eco y de la resonancia. El trasfondo es real y sonoro y la novela y el submarino nadan en medio del silencio.

Tiempos muertos

Los submarinistas pasan muchos días debajo del agua. Mínimas variaciones ocurren en sus vidas. Los sonaristas dan la señal inquieta y, entonces, despiertan las amenazas. El tiempo se altera y escuchan los estertores de un ataque que -parece- no termina nunca. Por lo demás, la existencia en el submarino es lenta, absurda y, por momentos, tediosa.

Patricia Ratto ha construido una novela con los tiempos “musicales” y con los tiempos muertos de la guerra. Malvinas es, antes que nada, un enfrentamiento entre personas que sufren la espera silenciosa y cruel. Y la espera, ardua, alimenta, con sutileza, el fracaso. Un detalle de la escena final confirma las emociones: el hilo fino del cigarrillo que vuela, solitario, en la negrura, cerca del puerto.

© LA GACETA

Fabián Soberón

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Tucumán
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