Cuestión de honor

Cuestión de honor

El campeón Aventin festejó el título con su hijo en brazos y respondió a los cuestionamientos.

FINAL Y FERVOR. Diego Aventín ya había consumado la obtención del título con su Ford. En la vuelta de honor, los fanáticos exteriorizaron su felicidad por el logro. FINAL Y FERVOR. Diego Aventín ya había consumado la obtención del título con su Ford. En la vuelta de honor, los fanáticos exteriorizaron su felicidad por el logro.
09 Diciembre 2013
Se dio lo que se tuvo que dar: Diego Aventin se consagró -al fin- campeón de Turismo Carretera tras 14 años en la categoría. Y la definición tuvo todo lo que tenía que tener, como manda la constitución del TC: controversias por mil al tratarse del hijo de Oscar Aventin, ex presidente de la Asociación Corredores Turismo Carretera; críticas por cómo logró la corona (como dijo Matías Rossi, “ayudado en dos carreras por Guillermo Ortelli”) o hasta por los custodios profesionales que hubo en su box del autódromo “Oscar y Juan Gálvez” de Buenos Aires durante el cierre del 72º torneo teceísta.

Pero “El Pumita” está curtido en estas cuestiones ya que en su vida deportiva siempre tuvo que soportar la mochila de “ser el hijo de”, aunque también logró protagonismo por sus declaraciones rutilantes. De hecho, en el día que salió campeón igualando la marca de su tío Antonio (ganó la temporada 1980/1981) y de su padre Oscar (monarca en los campeonatos de 1991 y 1992) se encargó de que algunos lo cuestionaran al dedicarle el cetro al recordado Guido Falaschi cuando siguen revoloteando los rumores de que quiso comprarle el simulador a pocos días de su muerte…

“Todas las cosas que se dicen hay que tomarlas como de quienes vienen. Si uno está tranquilo en lo que hace y puede demostrarlo, no tiene por qué preocuparse. Las suspicacias se las atribuyo a quienes las generan. El que lo hace adentro del ambiente es el que tiene que responder por estas cosas. No creo que esos cuestionamientos se hayan generado por el hecho de que mi padre fue presidente de la Actc durante tantos años. Y no sé quiénes los generan porque al tomarlo como de quien viene quiere decir que no tiene importancia para mí”, opinó el flamante rey del TC, que en su coronación escoltó a Juan Manuel Silva (no ganaba desde el 9 de noviembre de 2008 en La Plata). El piloto de Morón, de 33 años, lleva disputadas 236 competencias en el TC, de las cuales ganó 16. Además, con su conquista le permitió a Walter Alifraco (chasista) y a “Rody” Agut (motorista) su primer título en la categoría.

Está claro que todas estas controversias que rodean a Diego, que en el autódromo porteño tuvo un auto intratable pese a un lastre de 20 kilos (lo demostró con la pole), lo perseguirán por muchos años. Pero se lo vio muy seguro de su título y del festejo… y nada tiene que ver con los custodios de su Falcon… “Creo que soy el que más merezco este campeonato porque con mi equipo hicimos un muy buen año”, aseguró quien tuvo una Copa de Oro brillante con dos triunfos incluidos. Y para reafirmar que poco le interesan los recelos, aclaró: “Siempre dormí tranquilo. Me gusta mucho ser campeón de TC y es un broche de oro para toda la campaña, pero esto no me cambia la vida. El año pasado casi me retiro y no tenía pensado que si seguía podía ganar el título. Si me retiraba y no lo lograba, no pasaba nada. Porque nunca pensé que fuera talentoso. Sí sostengo que soy habilidoso. Soy perseverante, impulsivo y trabajo ante la adversidad… Y creo que todo eso también se debe por tener a mi padre, que siempre me apoyó en todo esto; me pulió en ser mejor piloto. En eso está mi habilidad”.

Diego Aventin se consagró campeón de TC, con todas las idas y venidas que siempre cosechó su persona y que siempre generó la categoría más imprevisible de la Argentina. Se podrá estar de acuerdo o no con las líneas de esta nota, pero es seguro que Aventin está tranquilo y muy feliz de haber logrado la corona. Y no mandó a nadie a realizar acciones obscenas, como sucedió en el podio de La Pampa (reacción que surgió por todos los cuestionamientos a su alrededor). Esta vez se aferró a su hijo, festejó con su particular serenidad y cerró: “Nunca pensé que el automovilismo me haya castigado. Siempre me dio alegrías. El hecho de correr ya es un privilegio y aún más ganar carreras o campeonatos. Es un regalo de Dios”.

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