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Más libre que reo en Tucumán

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Roberto Delgado
LA GACETA

A uno lo conocen como "Teco" y es sospechoso del robo en el country "Cerro azul", ocurrido el 24 de marzo. Otro tiene el nombre de un aventurero de historieta y es sospechoso del robo al country del Jockey Club entre el 14 y el 16 de septiembre. No se sabe si se conocen o si tienen vínculos entre sí. Pero además del hecho de que se los acusa de haber saqueado cajas de seguridad de countries (para lo cual hace falta una gran tarea de inteligencia) ambos causaron una hecatombe en la Policía porque supuestamente cometieron los delitos en momentos en que estaban detenidos.

El caso de "Teco" puso a la Brigada de Investigaciones en la mira. Había sido detenido por personal de la seccional 13 y, a causa de que allí están llenos los calabozos, fue enviado a la Alcaidía de la Brigada. Al día siguiente de su detención ocurrió el robo en "Cerro azul". Esa noche dijo estar enfermo y fue sacado de la celda y llevado al médico, pero no hay constancias de que haya sido ingresado a un hospital. Tampoco figuraba en el libro de detenidos y el jefe de la Brigada, comisario José Luis Salas, dijo que fue sólo un error, porque sí figuraba en el libro de guardia de la comisaría. El fiscal de turno, Washington Navarro Dávila, replicó que el comisario mintió. El caso fue descubierto porque los policías de la Brigada Norte, que investigaban bajo las órdenes del fiscal Diego López Avila el robo en "Cerro azul", recibieron información sobre los sospechosos y también que uno de ellos estaba detenido, desde antes del robo, en la Brigada capital. Hoy el puesto del jefe de la Brigada pende de un hilo, pero no hay explicación clara sobre las responsabilidades del jefe de la seccional 13a ni del jefe de la Alcaidía, donde estaba el preso.

El otro caso es más profundo, porque el reo de apellido de historieta estaba detenido desde hace más de un año en la Brigada y se descubrió su relación con el robo en el country del Jockey Club por una huella dactilar. Por primera vez fue útil en Tucumán la toma de la impresión de un dedo gracias al sistema nacional de identificación biométrica Sibios, presentado en diciembre de 2011 por la presidenta Cristina. La fiscala Adriana Giannoni envió la huella a Buenos Aires y saltó el personaje de historieta que estaba alojado en la Brigada.

Los funcionarios se quedaron estupefactos. El secretario de Seguridad, Paul Hofer, y el jefe de Policía, Jorge Racedo, dijeron que los policías responsables serán separados "cuando conozcamos el resultado de la investigación", pero eso va para largo. Mientras tanto, el trasiego de presos es caótico. Hace unos años, en la comisaría de Lastenia, un reo por violación que llevaba varios meses en una celda sin candado atacó a una niña y el escándalo derivó en una acordada de la Corte que especifica que no puede haber presos en dependencias policiales, sino que deben ser trasladados a la Unidad 6 de la cárcel.

Los policías dirán que la acordada no se aplica porque esa unidad carcelaria está llena. Pero el caso de los dos presos de la Brigada es otra cosa. Ya no se trata de denuncias sobre agentes enviados a hacer servicios adicionales en forma irregular, ni de coimas por pequeñas infracciones, ni de uso arbitrario de la inconstitucional Ley de Contravenciones; esto es, la práctica de detener personas por "desorden" para hacerlas pagar una multa y así recaudar: "Teco" fue detenido por "desorden". Ya no es sólo eso. Ahora se habla de delitos y de sospechas de que haya policías organizando esos ilícitos.

Un jefe de la Policía Federal dijo hace unos años que para hacer su tarea a menudo los uniformados tenían que ensuciarse en el barro. Pero esto ya no es barro de investigación, sino dos manzanas podridas halladas en el mismo cajón. Lo cual debería bastar para que se pongan ya mismo en marcha sistemas eficaces de gestión y control de lo que hacen los policías cuando nadie los ve.

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