Adiós a un irreverente de las letras argentinas

Usaba la provocación para sacudir al mundo. Por Carmen Perilli, Doctora en Letras.

12 Mar 2011
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SIEMPRE POLÉMICO. Viñas ponía elcuerpo y la voz a todas sus causas. TELAM

Ha muerto David Viñas, el fundador y codirector de la revista Contorno, el novelista de Un Dios cotidiano; Los dueños de la tierra, Hombres de a caballo entre otras; Dar la cara; el dramaturgo de Lisandro, Dorrego; Túpac Amaru, el profesor de literatura argentina, el fundador de Contorno y tantas otras revistas, el político, pero, sobre todo, el crítico y lector de la literatura y la cultura argentina.

Viñas era un intelectual, un hombre que ponía el cuerpo y la voz, y de qué forma. Recogía adhesiones y rechazos, nunca indiferencia. Su presencia, casi dionisÍaca, era siempre poderosa e irreverente. Uno de sus actos irreverentes fue rechazar la Beca Guggenheim, en homenaje a sus dos hijos desaparecidos en los años 70. Un hombre que padeció el exilio como una fiera a la que arrancaron las raíces y que peleó hasta el último momento con la posibilidad de ser domesticado por el poder.

Si Arlt afirmaba que la literatura debe ser "un cross a la mandíbula", Viñas empleó la provocación, a veces de modo exasperante, para sacudir al mundo y al discurso académico. Sus lecturas políticas de la literatura nacional marcan a fuego a las generaciones posteriores de críticos, derriba compartimentos, se desentiende de fronteras, incorpora el habla cotidiana y promueve el diálogo farragoso entre la vida y la literatura. Cuando en los pasillos universitarios de los 70 comenzamos a leer sus ensayos nos deslumbraron, nos cambiaron la mirada, nos permitieron pensar en introducir la vida en los textos y los textos en la vida. Se convirtieron en un vendaval de libertad. Los tres tomos de Literatura argentina y realidad política; Indios, ejércitos y fronteras, Los anarquistas en América Latina y tantos otros textos.

En su visita a Tucumán en los 80 nos deslumbró con sus cuentos sobre Lugones y su anécdota con Eva Perón. Él también, como Rodolfo Walsh, fue un "descifrador" del código maestro de la cultura argentina, se peleó con Sarmiento para parecérsele, fue capaz de denunciar el acartonamiento de Sábato y de tanto escritor nacional. No le importó el riesgo de la subjetividad, se metió de lleno en la escritura. Su gran obsesión era la tensión entre el cuerpo y la letra, entre la violencia oligárquica y la imaginación liberal que la disfraza a través de representaciones.

Ricardo Piglia sostiene que todos los libros de David Viñas se pueden leer como un gran texto único: una amplia saga a lo Balzac o a lo Galdós, en la que distintos géneros y registros de escritura se transforman en investigación de los momentos clave en los que esa violencia y esa dominación se cristalizan. Un gran texto único, una especie de historia imaginaria del poder en la Argentina desde el fusilamiento de Dorrego hasta la dictadura de Videla.

La crítica literaria no construye obras pero si una literatura. En la literatura argentina la sombra fecunda de Viñas es enorme. Nos legó su polémico "estar fuera de lugar" a lo Walsh, su agresividad verbal y su retórica como acción, a lo Sarmiento y, sobre todo, la convicción de que no se puede separar el cuerpo del texto.

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