La Casa del Obispo Colombres, descuidada

10 Sep 2009
El 30 de septiembre de 1940 el Congreso de la Nación sancionó la ley Nº 12.665 por la cual se creaba la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, dependiente del Ministerio de Justicia e Instrucción Pública. De acuerdo con los fundamentos de la norma, esta tiene la superintendencia inmediata sobre los museos, monumentos y lugares históricos nacionales y en concurrencia con las respectivas autoridades de las instituciones que se acojan a la presente ley, cuando se trate de museos, monumentos y lugares históricos provinciales o municipales. En su artículo 2, se prescribe que los bienes históricos y artísticos, lugares, monumentos, inmuebles propiedad de la Nación, de las provincias, de las municipalidades o instituciones públicas, quedan sometidos por esta ley a la custodia y conservación del gobierno federal, en su caso, en concurrencia con las autoridades respectivas.
Tucumán posee 11 monumentos históricos nacionales: la Casa de la Independencia, la Casa de Nicolás Avellaneda, la Casa del Obispo Colombres, el camarín de la Virgen de La Merced, la Catedral, San Francisco y, en el interior de la provincia, la capilla de Chicligasta, la de San Ignacio de La Cocha y la de San José de Lules, así como la iglesia de Trancas Viejo y la estancia de La Banda en Tafí del Valle.
La Casa del Obispo Colombres -actualmente Museo de la Industria Azucarera-, ubicada en el parque 9 de Julio, fue declarada monumento histórico nacional en 1941. El sacerdote instaló allí el primer trapiche, entre los años 1817 y 1819. Estaba hecho en madera de quebracho colorado y la cuba donde caían los jugos de la caña, de pacará. Ambos se conservan casi intactos.
Luego de largos períodos de desatención, el 24 de julio de 2008 se reabrió el edificio colonial renovado. En esa ocasión, la Municipalidad informó que con las tareas de revalorización se había buscado recrear la casa, tal como era en su origen, cuando funcionaba como un lugar de producción artesanal, antes de la época industrial. Se efectuó previamente una investigación arqueológica y documental de su historia. Luego, se recuperó el edificio principal y la construcción lateral del museo; se repararon los techos y se recuperaron las tejas originales.
Hace unas dos semanas, un edil radical hizo un relevamiento del estado actual de la morada de Colombres, uno de los lugares más visitados por el turismo, y comprobó que no hay agua corriente; que existe un solo baño público, el cual es usado tanto por el personal del museo como por los visitantes; no hay una oficina de atención al público y se carece de personal de limpieza por la tarde. El concejal precisó que al no haber agua corriente, en determinadas ocasiones va un camión cisterna de Espacios Verdes para llenar el tanque. Indicó que los dos bebederos están rotos. En el jardín yace una antigua fuente de agua, que está inservible y sucia porque no funciona la bomba, y cuando se la consigue llenar, el agua se escurre por las filtraciones que tiene. Observó que en la parte trasera de la casa hay un cilindro de hierro que se llena de agua que, al no tener salida, se estanca.
A poco más de un año, de la reinauguración de la casa, se ha producido un retroceso en su mantenimiento. Si bien el Gobierno nacional es que responsable de la conservación, como se señala en el artículo primero de la ley Nº 12.665. Sin embargo, tanto la Municipalidad como la Provincia, no deben desentenderse del cuidado de nuestro patrimonio histórico. Hace casi 30 años que la iglesia de San Francisco necesita una restauración urgente y por una burocracia e indiferencia incomprensibles sigue su inexorable deterioro. Los monumentos deberían ser el orgullo de los tucumanos porque forman parte de su historia. Sería penoso que no los preserváramos.

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