Conflictos de identidad de gente mayor

La posibilidad de urdir un amplio frente opositor está casi sepultado por las crisis que plantean radicales y "juristas". El Gobierno ensaya una doble combinada. Por Alvaro Aurane - Editor de Política.

25 Abr 2009
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? Anda un señor recorriendo sus tierras, cuando un andrajoso se le cruza en el camino. Sin bajarse del caballo, el señor lo llama y le pone en la mano una moneda y una lista electoral. El hombre deja caer las dos, la moneda y la lista, y dándole la espalda dice: "en mi hambre, mando yo".
("Peligro en el camino", de Eduardo Galeano, en "Espejos. Una historia casi universal").

Como si no le alcanzara con la debilidad, la oposición atraviesa por estos días severos conflictos de identidad. Esa crisis prácticamente ha sepultado la posibilidad de que se articule un amplio frente electoral, que mejore de manera sustancial su rendimiento en las urnas, en desmedro del oficialismo. Y ese problema se da mientras el cronograma comicial sigue corriendo: el martes vence el plazo para inscribir alianzas ante la Justicia Electoral Nacional.
Concretamente, el ex vicegobernador Fernando Juri y el legislador José Cano pusieron a consideración de sus respectivos espacios la voluntad común de conformar una concertación. Entonces surgió el primer problema de identidad: el de si primará en los partidos, precisamente, la identidad individual de cada fuerza o si se impondrá por sobre ellas la categoría colectiva de "opositores". Por cierto, este dilema se dio fundamentalmente en el flanco de los radicales puesto que, desde la propia UCR, así como desde el socialismo, la Democracia Cristiana y la Coalición Cívica, se alzaron las voces para impugnar un acuerdo con el peronismo disidente.
En rigor, pasó más que eso. En la mayoría de los casos hubo descalificaciones en contra del ex presidente de la Legislatura. La consecuencia de esos agravios fue que el jurismo terminó ofendido. El lunes y el martes, ese sector había demostrado entusiasmo y predisposición por un acuerdo, en las reuniones que el ex legislador Rodolfo Ocaranza mantuvo con el cointerventor de la UCR, Julio César Herrera, y con el secretario general de la UNT, José Hugo Saab, cerebro "canista" de las negociaciones. Ayer, en cambio, el clima distaba mucho de esa armonía. De hecho, el jurismo notificó a los interlocutores radicales de que las cosas habían adoptado un cariz diferente del que le habían planteado originalmente.
"Lo que nos habían dicho era que llevar a Fernando como senador generaría muchos problemas con la UCR y sus socios. Aun así, no cerramos la puerta a las negociaciones. Pero esta semana quedó reflejado en LA GACETA que el problema no es ?Juri senador? sino, simplemente, ?Juri?. Porque los aliados de los radicales, entre los cuales unos ni siquiera tienen partido y los que tienen partido ni siquiera tienen fiscales, no dijeron ?Juri diputado?: dijeron que con Fernando no van ni a la esquina", tradujo uno de los hombres de confianza del ex presidente del PJ.

Oír o desoír
Los disparadores de las reuniones entre el legislador y el ex vicegobernador fueron las encuestas. Uno y otro encargaron sondeos de opinión pública en consultoras distintas. Y los resultados fueron unívocos: si se unen, pueden hacer una muy buena elección. Separados, son socios extraoficiales del alperovichismo, que capitalizará con votos y bancas la desunión. De modo que un segundo conflicto de identidad en la oposición es si sus referentes van a escuchar a la sociedad (según lo que dicen las mediciones en las que ellos confían) o si van a escuchar a los dirigentes.
Mientras se debaten internamente entre una y otra opción, cada uno avanza por separado en la conformación de sus respectivos espacios.
Juri acaba de sumar a su brazo de centro-derecha a Ciudadanos Independientes. Y, tras sellar un acuerdo con el sector sindical de Jesús Pellasio, ahora busca un entendimiento con Libres del Sur que no deja de dar sorpresas en este escenario preelectoral.
Paralelamente, el ex titular del PJ consiguió en Salta un fuerte respaldo del "peronismo federal", que avala como sus referentes y candidatos a Felipe Solá en Buenos Aires, a Ramón Puerta en Misiones, a Walter Wayar en Salta y a Juri en Tucumán.
Los radicales hicieron lo propio formalizando su alianza con el socialismo, la Democracia Cristiana y la Coalición Cívica.
De hecho, Cano -ayer estuvo en Buenos Aires- recibió el directo pedido de Carrió de que diera un lugar en la lista a alguien de su fuerza (seguramente, Sandra Manzone) y también a un referente del campo (probablemente, Juan Casañas), a la vez que confirmó que se suma a ese espacio el Movimiento de Participación Ciudadana que lidera José Ricardo Falú. El, hasta ahora, juega como "acompañante" antes que como eventual candidato.

Juntos o separados
Como van las cosas, la ansiada unidad está más muerta que viva por estas horas. Hoy, por la tarde, Juri y Cano mantendrían un mano a mano en una reunión de la que seguramente surgirá si la alianza será parida o abortada.
La zozobra es tal que empiezan a arreciar rumores de toda índole. Los más insistentes pretenden variantes inviables, tal como inscribir por separado los frentes y seguir negociando la unidad.
Este tercer conflicto de identidad referido a no saber si es mejor juntos o separados no necesita de mayores explicaciones. En todo caso, sí merece algún detenimiento la cuarta crisis identitaria: entre los dos sectores no se ponen de acuerdo respecto de si, en esta coyuntura, lo que pesan son los nombres o los espacios.
Para los peronistas disidentes, el frente se hace con Juri y con Cano a la cabeza de las listas, porque ellos son los que van a acaparar los votos. Por eso es que el jueves, el ex vicegobernador dijo que quiere una alianza con Cano, con anuencia o no de la UCR, propuesta por la cual el "canismo" se declaró ofendido.
Precisamente, para los radicales todo pasa por una cuestión de sectores. Y entonces Cano ofrece, incluso, no ser candidato a cambio de que puedan fusionarse los espectros.
El quinto embrollo es, ciertamente, similar: los radicales quieren provincializar la elección y cargar contra el el Gobierno de José Alperovich. Los "juristas", en cambio, buscan nacionalizar los comicios, como lo demostraron en Salta.
Mucho menos complejo, el sexto conflicto se da porque tanto Juri como Cano quieren ser lo mismo: candidato a senador en primer término. Y eso está más allá del acuerdo o las divergencias de los socios: ninguno cede un centímetro en esa aspiración.

Poder o no poder
Todas estas dudas no son más que manifestaciones de una gran cuestión existencial, en términos políticos. En rigor, el único gran conflicto de identidad que afronta la oposición hoy es si quiere poder o si quiere no poder.
Esa, por cierto, no es una pregunta pragmática sino que es una pregunta esencial: el objeto de la política es el poder. Poder para mantener las políticas públicas acertadas y para cambiar las desviaciones. Porque el poder es poder para algo o de lo contrario es abuso de poder. Dicho de otro modo, los opositores ya están bastante grandecitos para andar lidiando con conflictos de identidad.
En pocas elecciones como las venideras la cuestión del poder como objeto de la política quedará expuesto con tanta claridad. Los tucumanos no van a elegir un Gobierno sino que deben decidir si apuntalan o menguan el poder de sus gobernantes, dándoles más diputados y senadores al oficialismo o, por el contrario, cediéndolos a la oposición.
El alperovichismo es perfectamente consciente de ello: por eso, rápido de reflejos, ensayó esta semana una doble combinada. Por un lado, salió a tratar de anular a Juri acusándolo de que, apenas asuma la banca, se volverá oficialista. Conoce que la pelea es por el Congreso. Por otra parte, el mismo Gobierno provincial decidió que va a ser un poco menos kirchnerista que de costumbre: cuando la Presidenta venga el 5 de mayo no le harán una fiesta en el hipódromo o en una cancha de fútbol: la llevarán, más modestamente, al teatro San Martín. Porque, como lo saben y lo dicen no pocos funcionarios alperovichistas, aparecer en una foto con Cristina es una suma que resta.
Es difícil saber si el alperovichismo tiene miedo, o no. Lo cierto es que sí se muestra inquieto, porque la unidad opositora, en principio, le significa menos bancas. Y el Gobierno sólo quiere mostrarle a la Nación que le aportará muchos escaños, sin tener el menor conflicto entre leales y díscolos. Por eso no dudó un instante en postular como segunda diputada a la crítica Stella Maris Córdoba, ni hesitó al desplazar como segundo senador a Gerónimo Vargas Aignasse, un aliado incondicional de Beatriz Rojkés de Alperovich.

Ser o no ser
A la vez, lo que el oficialismo tucumano quiere es arrasar en las urnas el 28 de junio para que, ante el escenario de una oposición diezmada, pueda impulsar cómodamente una nueva reforma constitucional a fin de habilitar más reelecciones. Por eso quiere digitar la interna de la oposición y decirle a sus adversarios cómo tienen que hacer las cosas, como hace con cada dependencia del poder político.
Justamente, si se impone la unidad o no, lo que al sistema republicano y democrático le importa es que la decisión que vayan a tomar los opositores, sea equivocada o no, se dé con libertad y con convicción.
En definitiva, lo que contará es la respuesta a un último interrogante: en el hambre de la oposición, ¿quién va a mandar?

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