BERLIN.- La excesiva efusividad del presidente francés, Nicolas Sarkozy, no siempre es bien recibida por su homóloga alemana, Angela Merkel, que siente que tanto roce la “electriza”. Así lo aseguró el dominical suizo “Le Matin Dimanche”, aunque fuentes de la Cancillería alemana se apresuraron a desmentirlo. “Merkel sigue teniendo la misma relación cordial con Sarkozy”, dijeron.
Según el rotativo, la jefa del gobierno de Berlín no soporta el roce de la palma de la mano de Sarkozy sobre su hombro, su brazo rodeándole el cuello ni los dedos del presidente apretando su antebrazo. Eso “la electriza” y la hace sentir un poco “violentada”, aunque el presidente francés siga siendo uno de sus grandes aliados. El eje París-Berlín es uno de los principales motores de la Unión Europea.
Sin embargo, no todo son abrazos y gestos cariñosos entre ellos dos, como se desprende de las fotografías que se publican en los medios. Prueba de ello es el reciente cruce entre ambos durante la cumbre europea de París, en octubre, por sus diferentes visiones de cómo abordar la crisis financiera.
Cuestión cultural
Sarkozy afirma que existe una perfecta comunión política entre París y Berlín. Pero esa sintonía no siempre se refleja en lo personal. En ocasiones, la efusividad francesa choca de lleno con lo que en Berlín se entiende como trato cordial entre colegas: basta con apretón de manos y una mirada intensa. En Francia este saludo resulta demasiado frío cuando se trata de un hombre y una mujer. Dos besos en la mejilla tienen un valor mucho más afectuoso para los galos, aunque los alemanes, y más si como Merkel son protestantes, no lo sepan comprender. En mayo de 2007, cuando el ex presidente francés Jacques Chirac se despedía de su cargo, con su habitual galantería primero abrazó a Merkel y después le besó dos veces la mano, un gesto al que ella está acostumbrada, aunque siempre reacciona ruborizándose.
En la cumbre del G8 de 2007, cuando el presidente estadounidense, George W. Bush, la sorprendió con un rápido masaje en la espalda, ella saltó sorprendida de la silla. Con Sarkozy la historia se repite cada día. Durante la entrega del Premio Carlomagno, en mayo, desató risas de los presentes al afirmar que amaba a Merkel y que con ella formaba una pareja muy armoniosa. (DPA)BERLIN.- La excesiva efusividad del presidente francés, Nicolas Sarkozy, no siempre es bien recibida por su homóloga alemana, Angela Merkel, que siente que tanto roce la “electriza”. Así lo aseguró el dominical suizo “Le Matin Dimanche”, aunque fuentes de la Cancillería alemana se apresuraron a desmentirlo. “Merkel sigue teniendo la misma relación cordial con Sarkozy”, dijeron.
Según el rotativo, la jefa del gobierno de Berlín no soporta el roce de la palma de la mano de Sarkozy sobre su hombro, su brazo rodeándole el cuello ni los dedos del presidente apretando su antebrazo. Eso “la electriza” y la hace sentir un poco “violentada”, aunque el presidente francés siga siendo uno de sus grandes aliados. El eje París-Berlín es uno de los principales motores de la Unión Europea.
Sin embargo, no todo son abrazos y gestos cariñosos entre ellos dos, como se desprende de las fotografías que se publican en los medios. Prueba de ello es el reciente cruce entre ambos durante la cumbre europea de París, en octubre, por sus diferentes visiones de cómo abordar la crisis financiera.
Cuestión cultural
Sarkozy afirma que existe una perfecta comunión política entre París y Berlín. Pero esa sintonía no siempre se refleja en lo personal. En ocasiones, la efusividad francesa choca de lleno con lo que en Berlín se entiende como trato cordial entre colegas: basta con apretón de manos y una mirada intensa. En Francia este saludo resulta demasiado frío cuando se trata de un hombre y una mujer. Dos besos en la mejilla tienen un valor mucho más afectuoso para los galos, aunque los alemanes, y más si como Merkel son protestantes, no lo sepan comprender. En mayo de 2007, cuando el ex presidente francés Jacques Chirac se despedía de su cargo, con su habitual galantería primero abrazó a Merkel y después le besó dos veces la mano, un gesto al que ella está acostumbrada, aunque siempre reacciona ruborizándose.
En la cumbre del G8 de 2007, cuando el presidente estadounidense, George W. Bush, la sorprendió con un rápido masaje en la espalda, ella saltó sorprendida de la silla. Con Sarkozy la historia se repite cada día. Durante la entrega del Premio Carlomagno, en mayo, desató risas de los presentes al afirmar que amaba a Merkel y que con ella formaba una pareja muy armoniosa. (DPA)
Una editorial lanzó un manual de vudú junto con un muñeco que se asemeja a Sarkozy, para enseñar a los lectores cómo ponerle agujas. Estas van clavadas en algunas de las citas de Sarkozy que van adheridas al muñeco, como la de "piérdete, estúpido", con que insultó a un hombre que no quiso estrechar su mano en 2007. "El presidente tiene los derechos exclusivos y absolutos sobre su propia imagen", advirtió el abogado del mandatario.
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