Las ruinas de Lules albergan la historia y el legado arquitectónico de los jesuitas

Se pueden realizar visitas guiadas para conocer los restos de la capilla y del convento. Un lugar que acogió a varios próceres.

11 Jul 2008
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IMAGEN IMPACTANTE. Los muros atraen a los turistas que llegan a Lules. LA GACETA / JOSE NUNO

Fueron declaradas Monumento Histórico Nacional en 1994 y junto con el museo de la Banda, en Tafí del Valle, y pequeñas porciones del Convento Franciscano que funciona en 25 de Mayo y San Martín, las Ruinas de Lules forman parte del legado jesuítico con que cuenta la provincia.
De la gran estancia, la capilla y el convento apenas quedan algunos restos que todavía perduran: parte de las antiguas paredes, un tabernáculo, una cruz de hierro forjado, un viejo trapiche y elementos arqueológicos encontrados en la zona a lo largo de los años. Todos los días se realizan excursiones para visitar las ruinas. También pueden concurrir los particulares sin necesidad de formar parte de una comitiva turística ya que la señora que se encarga del cuidado de la iglesia hace de guía.
Luego de la expulsión de los jesuitas de tierras americanas, por orden de la corona española, fueron rematados en 1774 los terrenos de la Estancia de Lules, a excepción de la capilla, el convento, las casas y la escuela.
En 1882 se hizo una gran reconstrucción que modificó el aspecto de la iglesia, también restaurada durante 2001. De todos modos, no se hicieron modificaciones en las ruinas, y permanecen tal cual las fue dejando el paso de los años.

Cuatro siglos de historia
Las paredes del edificio que, en algún momento fue habitado por los jesuitas, albergan dentro suyo más de 400 años de historia.
Los padres jesuitas llegaron desde Brasil en el siglo XVII para evangelizar a los aborígenes y fundar escuelas.
Los religiosos realizaron una ardua tarea para establecer una misión en el Colegio de San José. Allí había una herrería, un aserradero, carpintería y curtiembre, y en esa zona se realizaron los primeros cultivos importantes de caña de azúcar.
En 1767 fue expulsada la Compañía de Jesús de toda América. Menos de 10 años después, los dominicos solicitaron los dominios que habían pertenecido a los jesuitas y se establecieron en la finca de Lules.
El lugar, además de encerrar historia, acogió a varios de los próceres que definieron el camino del país entero. Fray Justo Santa María de Oro descansó bajo sus árboles, y Manuel Belgrano se repuso allí de sus heridas. 
A ellos se suman el coronel Crisóstomo Alvarez, que está enterrado a la entrada del templo, y el cuerpo del general Celedonio Gutiérrez, que fue varias veces gobernador de Tucumán y que yace junto a la pared de la nave.
A pesar de que sólo quedan restos del antiguo edificio, la impactante imagen de los muros, con los cerros oscuros de fondo, maravilla con su encanto a los miles de turistas que llegan a Lules todos los años para conocer parte de la historia de Tucumán.
Allí, los visitantes recorren las huellas del pasado que quedaron tras la instalación de la Compañía de Jesús y el paso de los grandes hombres de la historia argentina.
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