La cara nueva que creció bajo la barba de Cortázar

Por Horacio Semeraro

15 Agosto 2004
Realizador de cine documental, cuentista y ensayista, Eduardo Montes-Bradley utilizó sus esfuerzos a pleno en estos últimos años en abrir la polémica para despertar del letargo intelectual a sus espectadores y/o lectores. Para tal fin, eligió -usó según sus propias declaraciones- a los escritores argentinos "como podría haber elegido a cheffs o a políticos" para provocar la polémica salvadora y para entenderse a sí mismo (entrevista de S. Schwarzbock publicado en marzo de 2001).
En ese ámbito, comenzó con Osvaldo Soriano (en Soriano: un retrato), seguido por Jorge Luis Borges (Harto The Borges) y Osvaldo Bayer (Los cuentos del timonel). Y ahora Julio Cortázar. Nada complaciente con los elegidos, el realizador hace una mirada crítica y desacralizadora que se propone desmitificar en algunos aspectos: a veces desde el humor y otras de una manera comprometida y tajante.
De esa manera, Cortázar sin barba aporta valiosos datos biográficos: reportajes, declaraciones, extractos de cartas, fotografías, declaraciones de familiares -muchos inéditos- y citas de autores, con las que M-Bradley elucubra su obra. Dice el autor en su prólogo: "De eso trata el libro: de transformaciones inexplicables, de mutaciones irreversibles, de la cara nueva que le creció a Cortázar bajo la barba parisiense, de la otra que tenía en la Argentina y más atrás, y que nadie se tomó la molestia de apreciar". Afortunadamente la obra no afecta la genialidad literaria de Cortázar porque no trata sobre sus cuentos o novelas sino sobre el mito Cortázar, el personaje. Estructuralmente, dedica una parte del estudio a la historia familiar del escritor, su árbol genealógico por parte de padre y madre, especialmente desde sus abuelos en adelante. En ese contexto, aborda su nacimiento en Bélgica; la estadía en Suiza; el regreso a la Argentina con su madre y su hermana; sus estudios en la Escuela Normal Mariano Acosta, de Buenos Aires. Luego vendrán los años de profesorado en Bolívar y en Chivilcoy, provincia de Buenos Aires. Más tarde, su designación como profesor de la Facultad de Filosofía y Letras en la joven Universidad de Cuyo (fundada en 1939 y que fue un bastión del movimiento Reformista Universitario). Y su nombramiento por el rector Ramón Doll durante la presidencia de Farrell, hombre de confianza de Perón -quien lo sucedería en las elecciones de 1946- en la Cámara del Libro. Señala M-Bradley que esto es contradictorio en sí mismo y con el Cortázar revolucionario que se crea desde su viaje a París, en octubre de 1951 por su descontento con el régimen y su trayectoria en adelante, su visita a Cuba en 1960.
Se distinguen en el libro dos niveles temáticos. Aquellos que pueden parecer intrascendentes: la polémica sobre si la barba que le creció a Cortázar fue producto de hormonas ad-hoc o natural; si el padre fue o no miembro del Cuerpo Diplomático de Argentina en Bélgica, o un encargado de negocios del Ministerio de Obras Públicas de viaje por Europa; su fecha cierta de nacimiento, de acuerdo con las versiones del propio escritor, su madre, o su esposa Aurora, entre otros testimonios. Si pronunciaba mal las erres porque tenía un acento francés o por una afección bucal (dislalia); si su abuela materna fue hija natural o verdadera, etcétera. Y por otra parte están los temas sustanciales (pág. 235 a 249) especialmente, que justifican un ensayo que quiere ser esclarecedor, como pueden ser su participación en la Universidad de Cuyo en medio de un clima de rebeldía universitaria del que participó, y luego su nombramiento por algún funcionario liberal (Ramón Doll), sus reales compromisos políticos, sus viajes a Cuba y su adhesión a la revolución castrista, mientras en Europa se abstenía de alineamientos con las figuras de la izquierda francesa, como Jean Paul Sartre, etcétera.
Julio F. Cortázar estaba emparentado con conocidas familias argentinas. Su padre, Julio José Cortázar Arias, era descendiente de J. Félix de Arias, -Alférez Real de Salta- y de Francisco de Borja Arias, alcalde de la misma ciudad. También del fundador de Córdoba, Jerónimo Luis de Cabrera. Su madre, Hermina Descotte Jourdan, era hija de franceses que heredaron de sus padres una de las principales casas de decoración de Buenos Aires, y cuya posición les valió la amistad de un grupo importante de artistas y figuras de la época. Entre ellos, el arquitecto Carlos Thays, quien diseñó el Parque 3 de Febrero, el Jardín botánico, las barrancas de Belgrano en Buenos Aires y realizó obras en varias provincias argentinas (en Tucumán, el parque 9 de Julio, entre ellas). Pero Benoit proyectó la ciudad de La Plata, entre otras numerosas obras. El belga Jules Dormal, quien terminó las obras del teatro Colón. Sabemos sin embargo que Cortázar fue un modesto profesor que vivió de sus clases mientras residió en Argentina, y que escribió una obra literaria innegablemente valiosa. En esencia fue un liberal idealista, que por tal motivo se adhirió a causas que le parecieron nobles. Del ensayo, muy bien documentado y escrito, con acreditados testimonios, surge detrás de la barba un hombre que trató de sobrevivir adaptándose en el intento a la época y a los cambios; sin llegar a la estatura de héroe, quizás -según surge de su lectura- pero sin perjudicar a nadie con su fabulación. En un tema tan subjetivo queda a consideración del lector toda otra conclusión. c) LA GACETA

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