JUAN FALÚ

Guitarrista y compositor

El carácter lúdico de Leguizamón se manifiesta en su obra y en ese juego con las melodías. Sobre la armonía mucho se ha hablado de la modernidad del Cuchi, de sus conocimientos musicales, su cultura musical, su escucha de la música brasileña, del jazz y de músicas contemporáneas, como Schoenberg. Esa armonización novedosa se destaca justamente porque la aplica sobre músicas, cuyas armonías son tradicionales pero que él las conoce muy bien, o sea, que la novedad está aplicada sobre la tradición y ahí es donde ocurre el contraste. Pero para modernizar una tradición hay que conocer la tradición y sobre lo melódico aquí me parece que hay un rasgo muy importante de su obra y es animarse a tejer melodías con intervalos muy abiertos. Esto quiere decir partir de una nota grave va hacia una bastante más aguda o al revés. Esa extensión de intervalos, tiene mucho que ver con los cantos bagualeros, donde se usa la llamada voz de cabeza para las notas muy agudas y la voz de pecho, para las notas que normalmente alcanza el cantor o la cantora. Esa extensión es un rasgo muy importante en sus melodías porque además de la estética, hay un gran desafío para interpretarlas. Un ejemplo de esa extensión es una zamba preciosa, Coplas del Regreso.

Si pensásemos en el Leguizamón compositor, su obra sería harto suficiente para instalarlo en una suerte de Olimpo de la música argentina. Si pensamos en el Leguizamón que puso su música al servicio de textos poéticos, ya estamos frente a un creador de canciones que han calado profundamente en la memoria colectiva de nuestro pueblo y de muchos otros pueblos del continente. Esa alquimia de entre música y poesía no es fácil de explicar, es felizmente misteriosa. Ya sabemos que el todo es más que la suma de las partes y una canción es más que la suma de un texto y un sonido. Hay allí algo que es alumbrado por la poesía, la música y la comunión entre ambas que no es sólo la de dos creadores, sino de la comunión de esas personas con algo que les inspira en común, que puede ser su tierra, las gentes de su tierra, los oficios, los amores, las penurias, las alegrías y la celebración de las memorias. Entonces, cuando están centradas así las obras, las canciones adquieren un carácter trascendente, trasciende lo mediático, trasciende los modismos y quedan instaladas. Tienen una suerte de eternidad implacable contra la que no puede ningún tipo de invasión mediática o de intentos de borrados de la memoria. Siempre he considerado a Leguizamón como un verdadero navegante del tiempo porque reúne en la misma composición aires antiguos con aires nuevos. Puede sonar una baguala en medio de armonías absolutamente novedosas para el género folclórico o puede sonar un pentatonismo en otra composición y esa capacidad de navegar en el tiempo es una cualidad del propio folclore.