Los parques pululan entre el paisaje urbano. Los edificios obtienen su energía del sol. En las casas no hay un sólo interruptor de luz y un sólo grifo de agua; todo funciona con sensores para ahorrar. Los residuos se absorben a través de tuberías subterráneas, donde se reciclan y queman para obtener combustible. En todas partes hay bicicletas. Lo semáforos se activan al detectar peatones. Y no es un invento. Ocupa seis kilómetros cuadrados y ha sido construida desde cero ganándole terreno al mar. Se llama Songdo y se ha convertido en la primera ciudad inteligente de Corea del Sur y en una de las primeras del mundo. No obstante, al compararla con cualquier colega tucumana suena a utopía y surge una pregunta ineludible: ¿cómo se hacen las ciudades?

"En primer lugar, hace falta una planificación integral. En segundo, se requiere decisión política. Y por último, se necesitan lineamientos en ordenamiento territorial", responde la arquitecta Marcela Medina, doctora en humanidades con orientación en urbanismo y profesora de ordenamiento territorial en la Universidad Nacional de Tucumán (UNT) y en la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino UNSTA).

Pero volvamos a Songdo. Que nadie crea que las smart cities están lejos de la realidad. Son la respuesta a una necesidad humana: la de la concentración en las grandes urbes. El 80% de los latinoamericanos vive en metrópolis y en el resto del mundo ocurre algo similar. "Por ello, la gestión de las ciudades debe incluir la planificación. Y ese plan debe trascender los gobiernos. Debe tener respaldo legal. Debe ser el resultado de un proceso de consultas ciudadanas. Y debe nutrirse de conocimientos técnicos y científicos", prosigue Medina.

En palabras suyas y tal como bregan los Objetivos de Desarrollo Sustenible (ODS) de las Naciones Unidas, las urbes necesitan repensarse; acortar distancias y favorecer la movilidad activa, entre otros retos. En estas latitudes, en cambio, estallan las periferias, rompen los límites y las ciudades actuales se van convirtiendo en territorios sin fin, como se observa a veces en las localidades de Tafí Viejo, Yerba Buena y San Pablo.

Cuando se le pregunta a la especialista cuál es el precio de no diseñar las ciudades a la velocidad en que llega la gente, sino por detrás, contesta que si la urbanización crece de forma discontinua, deja espacios agrícolas o sin uso en medio de los nuevos barrios. "Eso genera altos costos en términos de infraestructura y de servicios", razona.

- ¿Hacen falta espacios verdes públicos?

- Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades. En consecuencia, los espacios verdes tienen un efecto importante en el habitar urbano. Pero se requiere que reúnan ciertas condiciones, como ser accesibles t estar equipados. En el Gran San Miguel de Tucumán hay un déficit de espacios verdes públicos. No se diseñan parques ni plazas. Y cuando se los hace, se los coloca en lugares residuales.

Lamentablemente, la falta de espacios públicos le da vía libre a la inseguridad. La seguridad de una ciudad se promueve con la presencia de personas en el espacio público y con edificios que se abran al entorno, cuenta Medina. "De ese modo, la gente y el movimiento operan como una inconsciente red de controles", explica.

Para que las personas se beneficien de vivir en sitios bien pensados, expertos como Medina bregan para que haya una concientización de la ciudadanía y una alianza entre los distintos sectores. "Desde hace algunos años, resulta más rentable lotear que sembrar un campo. Los desarrollistas se benefician económicamente al lotear zonas sin infraestructura, porque después el Estado se ve obligado a desarrollar los alrededores. Obtienen una plusvalía: lo que antes valía poco, ahora vale mucho. El municipio o la provincia, al contrario, no se benefician. Se debería pensar en instrumentos de compensación, como los bancos de tierras", añade.

Finalmente, indagada sobre los retos de las ciudades de este siglo, dice que en las últimas décadas se comenzó a hablar de ciudades sustentables. Luego, de ciudades resilientes. Y por último, de ciudades inteligentes. "Lo que tenemos que analizar es si estas expresiones reflejan, realmente, transformaciones que mejoren la vida", concluye.