Las imágenes del telescopio James Webb son impresionantes, bellísimas, pero no inesperadas; excepto que uno piense como quienes quemaron a Giordano Bruno o presionaron a Galileo. Mientras tanto, nuestro planeta se dirige -contaminación mediante- hacia su autodestrucción. En la situación mundial de hambrunas, guerra y escasez de energía, el único que habla de paz es el papa Francisco; quizás porque tiene presente que los cuatro jinetes del Apocalipsis ya están (siempre estuvieron) entre nosotros: peste, hambre, guerra... muerte.

Una máquina del tiempo que nos aproxima al origen del universo

¿Cuál el sentido de alegrarnos por la posibilidad de planetas que puedan albergar humanos? ¿Para destruirlos como estamos haciendo con el nuestro? La solución a la catástrofe que se avecina no está fuera de este mundo, está acá. Es posible derrotar las pestes, solucionar el hambre e impedir las guerras; es posible desterrar a los cuatro jinetes, ¿queremos hacerlo? No es lo que parece, muy lamentablemente. Cierto que miles protestan contra (interesadas) decisiones gubernamentales, pero son más los que permanecen indiferentes... Esa indiferencia es el peor padecimiento humano.

¿Cuán “nuevo” es esto? Einstein pregunta a Freud cuando la Segunda Guerra Mundial se aproxima: “¿cómo es que estos procedimientos [se refiere a la propaganda] logren despertar en los hombres tan salvaje entusiasmo, hasta llevarlos a sacrificar su vida? Sólo hay una contestación posible: porque el hombre tiene dentro de sí un apetito de odio y destrucción (...) ¿Es posible controlar la evolución mental del hombre como para ponerlo a salvo de las psicosis del odio y la destructividad?” Parece, hasta ahora, muy difícil.

Un momento hermoso de la ciencia

La respuesta del Psicoanálisis es desalentadora: las pulsiones de muerte predominan sobre las pulsiones de vida. Quizás, en otro lugar del infinito Universo ocurra lo contrario, pero posiblemente nunca nos enteraremos. Los cuatro jinetes van ganado la batalla. Lamentablemente. Por eso, ¡hagan algo! ¡Sacúdanse! Dejen la indiferencia, acaso así haya salida.