El antiguo y a la vez reciente descubrimiento arqueológico en las Ruinas de Lules contó con la intervención de distintos actores. Entre ellos, el Instituto de Arqueología y Museo de la Facultad de Ciencias Naturales ocupó un papel fundamental, además del cuidadoso trabajo de arqueólogos y estudiantes de la carrera que participaron en la excavación. “El trabajo que realizamos en Lules nos abrió un montón de perspectivas que no imaginamos cuando empezamos con la arqueología”, dijo Marisa López Campeny, arqueóloga y directora del Instituto.
La historia previa
El descubrimiento que llevó a la arqueóloga Tamara Taddei a iniciar la investigación corresponde a restos óseos hallados en 2001. Sin embargo, la excavación arqueológica en el sitio se inició en 1998. “El primer proyecto tenía que ver con la restauración arquitectónica del lugar. Fue bastante particular porque por primera vez se realizaron tareas arqueológicas en conjunto”, contó.
Descubrimiento arqueológico: investigan restos humanos hallados en LulesEn aquella oportunidad, se llevaron a cabo tareas de rescate arqueológico y con eso lograron reunir información del sitio. “Lo que se sabe es que ese lugar fue el asentamiento de los jesuitas, pero la realidad es que nada de lo que se ve corresponde a la arquitectura jesuita, sino que son construcciones que se realizaron en el 1800. En este contexto, las excavaciones del 98 permitieron encontrar pisos de ocupación meramente jesuita”, detalló. Además, López Campeny señaló que hallaron un canal de desagüe y monedas que corresponden a un período cercano al 1700.
Primeros indicios
“Aparecieron algunos restos secundarios también, como fragmentos de dientes. Solo excavamos en el espacio donde estaban realizando la obra de restauración, pero a partir de los documentos históricos que fueron revisados para la investigación, se sabía que en el terreno podía haber restos humanos”, sostuvo la directora.
Jaldo inauguró obras de infraestructura y entregó patrulleros para comunas del departamento LulesLa explicación es bastante sencilla. “Tanto en el interior de la Iglesia como en el exterior, se realizaban entierros. Se relaciona con la religión y la cultura; existía una organización antigua donde la gente de mayor jerarquía era enterrada dentro de la Iglesia y el resto afuera, porque se creía que quien era enterrado más cerca de la Iglesia estaría más cerca de Dios”, manifestó.
Lules: millonaria inversión para renovar más de 5.000 metros de cañerías y construir dos pozos de aguaEn este sentido, López Campeny planteó la importancia de la arqueología para entender los hechos del pasado. “Toda huella es importante. En arqueología es indispensable que la información que llegue corresponda con lo que está detallado en las fuentes. A veces los documentos pueden estar escritos con determinada intencionalidad o tener un enfoque particular. Los restos arqueológicos, en cambio, aportan más información en cuanto a aspectos culturales o sociales de la época”, indicó.
El procedimiento
Por su parte, Camila Marino, estudiante avanzada de la carrera de Arqueología, compartió a LA GACETA detalles de la excavación realizada en esta oportunidad. “El año pasado se realizó la primera etapa, allí encontramos individuos ‘perturbados’ que ya contaban con un principio de remoción de suelo. Esto quiere decir que la reconstrucción que se hizo en su momento logró impactar en el suelo y mover lo que estaba abajo”, explicó. Esto llevó a que en los primeros centímetros de excavación encuentren partes del esqueleto humano que no encajaban entre sí. “Encontramos huesos, pero en partes; dientes, cráneos, huesos largos, todo mezclado”, dijo y agregó: “una vez que empezamos a excavar más encontramos a los individuos en la forma en la que fueron enterrados. Algunos estaban en posición de descanso, con las manos juntas en el pecho, y otros, con las manos sobre la pelvis”.
El trabajo de excavación, realizado en “tiempo récord”, les llevó dos semanas menos de lo previsto. “Nos llevó dos semanas, pero generalmente demora mucho más. Se anticipaba que podía durar un mes entero”, expuso Marino. El equipamiento pertinente para este tipo de prácticas comprende bolsas de polietileno, cajas, guantes, mascarillas, además de otro tipo de herramientas particulares. “Si el hueso está en buen estado puede ser retirado directamente, pero si presenta deterioro se lo saca en un bloque de tierra y es llevado al laboratorio para ser analizado”, indicó. (Producción periodística: Bárbara Nieva).