LG Play La otra pregunta

Emilio Luque: "este año vamos a trabajar a pérdida: entre U$S 10 millones a U$S 15 millones”

El empresario tucumano habló de sus inicios y de los desafíos del presente.
12 Sep 2018

- ¿Quién es Emilio Luque?

- Una persona normal, como cualquiera, que ha tenido la suerte o la bendición de crecer. La gente habla de capacidades, posibilidades o inteligencia. Yo le pongo otro término porque soy muy cristiano y muy creyente. Digo y pienso que cada uno tiene una misión y a mí me tocó esta, que me encanta.

- ¿Cuál es tu misión en la vida?

- Trabajar, darle a la gente lo que uno conoce, lo que cree que sirve, aconsejar, creer en la gente. Yo soy muy feliz ayudando. Y haciéndolo no sólo desde la parte económica, sino también desde el consejo y dando trabajo. (...) Contrariamente a lo que la gente piensa, soy el tipo que comparte más con sus empleados y con la gente pobre que con la alta sociedad. (...) Soy un tipo que tres domingos al mes se reúne con toda su familia, que es recontra numerosa.

- ¿Cómo se compone?

- Tengo cinco hijos, 11 nietos. Somos mucho. Me encanta agasajar y hacer el asado.

- ¿Cuál es el secreto de tu asado?

- Tener mucha paciencia y estar atento a lo que le gusta a cada uno. (...) Mi asado es normal, o cómo yo entiendo que es normal. El asado tiene su punto y hay que servirlo en el momento preciso, por lo que estoy poniendo algunos horarios.

- ¿Por qué somos impuntuales los tucumanos?

- Porque no le damos valor a algo que es más caro que el dinero.

- El tiempo…

- Qué buena precisión tenés. Algo que nos falta a todos: tiempo. Algo que te roba todo el mundo: tiempo. El amigo que te pide el café, la gente que pide charlar porque quiere un consejo… Y si algo me falta ahora, en momentos de éxito comercial y de compromiso con la empresa, es tiempo.

- ¿Lo tenías cuando eras chico?

- Fui muy feliz siendo chico. Tenía tiempo porque no se vivía esta época, sólo de confort y de consumo. Nací en el campo. En Cruz Alta. Hasta los 18 años no tenía luz eléctrica ni agua corriente.

MANO A MANO. El empresario Emilio Luque, durante la entrevista con el secretario de Redacción Federico van Mameren, en “La otra pregunta”, el ciclo de LA GACETA Play que se transmite los martes por el canal 12 de CCC. lg play

- ¿Cómo era tu casa?

- Era una casita muy humilde, de sólo dos habitaciones. Una principal, del matrimonio, y los cuatro hijos vivíamos en una habitación. El agua era de pozo aljibe. La luz era radiosol: una lámpara a kerosene. Mi mamá cocinaba a leña.

- ¿Olor a qué sentís cuando recordás eso?

- Siento mucha alegría cuando recuerdo eso, porque mis viejos no me dejaron dinero, pero me dejaron una enseñanza de amor y de confraternidad en la familia muy grande... No terminé el secundario y hoy manejamos un grupo económico familiar de 3.000 personas. (...) Me encantaba estudiar y era buen alumno. Iba al Colegio San Francisco. El colectivo de El Ranchilleño pasaba por esos sectores a las 6.15. Había una sola unidad y cuando venía llena se rompía, o no venía. Tuve muchas faltas, era mucho sacrificio... Cuando uno va teniendo determinada edad va teniendo necesidades. Y cuando probaste el trabajo, que era trabajo de finca, es difícil compatibilizar trabajo con estudio.

- ¿Con qué soñabas de chico?

Me hubiese gustado ser un profesional. Ingeniero o contador.

- ¿Por qué querías ser contador?

- Me gustaban los números.

- Bueno… algo te quedó de aquella época.

- Algo de los logros estamos consiguiendo. (Se rie) … Había dejado quinto año en septiembre y había aprobado todas las materias, pero tenía muchas faltas, otras necesidades, y temas internos de familia… Faltaba plata para vivir y para comer y con 17 años yo ya podía producir. Mi papá fue excelente. Una persona tranquila, pero con poca iniciativa. Mi madre era súper activa. Él era de origen español, y ella era de origen árabe. Y el árabe es comerciante por naturaleza. Cuando cumplí 18 años, nos mudamos a Banda del Río Salí. Y mi mamá, en su casa de familia, hacía comida para vender. Estaba muy cerca de la comuna, porque aún no era municipalidad, y cuando la gente cobraba ella preparaba empanadas, pollo, pizza. A los 18 años yo salí a trabajar en camiones hacia afuera y traía animalitos para vender: pollos y cabritos.

- Cuando te levantás y te mirás en el espejo, ¿a quién mirás?

- A Dios. Y le doy gracias por cada día. Por estar vivo. Por darme ganas de trabajar. Me levanto todos los días antes de las seis. Me acuesto a las 11 u 11.30 de la noche. No tomo pastillas para dormir y duermo muy bien. Soy más sencillo de lo que la gente cree.

- ¿Soñás a la noche?

- Mucho. Y lindo. Siempre queriendo hacer cosas por la gente.

- Contame un sueño.

- Ver un país mejor para nosotros, que vivimos en un país lindo.

- ¿Qué viniste a hacer a San Miguel de Tucumán?

Vine a trabajar. Cuando volví de la Marina (N. de la R. Cumplió 18 meses de conscripción) empecé trabajando en Torasso. Era chofer de un camión y hacía reparto de gaseosas. En el verano era una experiencia linda y con una jugosa comisión. Pero yo ya me había casado con Lelia, madre de mis cuatro primeros hijos, y en el invierno la comisión no me rendía. Salía de casa con $ 10 y volvía con $ 8. Era 1973, gobierno de Cámpora y se esperaba el regreso del general Perón. En ese ínterin, el gobierno triplica el pago que el Estado daba por nacimiento de un hijo. Con eso, porque acaba de nacer mi hija mayor, Cristina, vendí una moto que tenía y compré un camión usado: un Bedford modelo 61.

- ¿Y te hiciste peronista?

- Me hice trabajador. Nunca viví de la política. Puedo haber tenido algún gusto… Más que un partido, a veces nos ilusiona el estilo de una persona. En 1974, con ese camión paso a trabajar en Pepsi.

- ¿Qué pensabas entonces? ¿O sólo era el día a día?

- Qué linda pregunta. La gente piensa que uno todo lo proyecta, pero en ese entonces sólo pensaba en cómo vivir todos los días un poquito mejor. No tenía casa: alquilaba. Había otros 70 repartidores, que eran competidores. Pero fue tan bueno el aporte que en 1994 ya era el único repartidor de Pepsi para la capital. También de las cervezas Quilmes y Norte. Mi crecimiento económico fuerte fue la distribución de gaseosas.

- ¿Y cuál fue el secreto?

- Mucho trabajo. Mucho servicio al cliente.

- ¿Los rivales tenían bronca?

- Más que bronca, el argentino tiene soberbia. Nosotros creíamos que este era un país que nunca iba a tener problemas; y era tan noble, tan bueno este país que todo lo que vos dejabas de ganar un día lo podías recuperar al día siguiente.

- ¿Ya no es más noble este país?

- Creo que lo que dejás de ganar hoy te cuesta recuperarlo mañana. Antes había más oportunidades. Creo que mi caso personal hoy no sería fácil que pueda darse.

- ¿Y los supermercados?

- Fue en Holanda, cuando gané un viaje por cumplir los objetivos de venta de Heineken. Estuve con Ricardo Oxenford, un directivo de Quilmes, quien me dijo que no debía quedarme sólo con el negocio de las gaseosas, porque tenía algo muy importante: los clientes. Y me sugirió que adosara otras cosas.

- ¿No te dio miedo la aparición de grandes cadenas?

- No me daba cuenta de lo que estaba haciendo, solamente hacía.

- ¿Ahí aparece la ilusión del ingenio?

- Nunca tuve la ilusión del ingenio. Fue otro producto. Antes del ingenio apareció una fábrica. En 2005, aparece el molino más antiguo de Tucumán, donde está Rivoli, la fábrica de pastas. Estaba en disolución judicial. Al ser cliente importante de ellos por el supermercado, me llamaron desde el juzgado para preguntarme si quería hacerme cargo. Comencé arrendándolo y se hizo cargo mi hijo Martín, el mayor de los varones, entonces de 22 años. Nos fue muy bien. En 2008 nos fue mucho mejor: en el paro del campo subió el precio de la harina y tuvimos un año excepcional de ganancia. Y ahí decidimos traer plata que teníamos guardada en el exterior.

- ¿Los empresarios siempre tienen que guardar plata afuera?

- Y por lo que pasa en la Argentina eso ha sido una constante. Entre 2008 y 2009 trajimos todo lo que teníamos. Hubo un blanqueo y declaramos U$S 38 millones.

- ¿Por qué sacás la plata? Ahí se empieza a hablar mal de los empresarios…

- No se puede hablar mal de los empresarios. En 2001 se confiscaron todos los plazos fijos y nos dieron un título a 12 años. Hoy, quien tiene plata en el país, está sintiendo el mismo temor. Si el Gobierno tiene Lebacs con una tasa de interés altísima, que sabemos que no puede pagar sino sólo patear hacia adelante, en algún momento te van a dar un papelito diciendo “No te la podemos pagar”. Y si vos querés disponer (de esa plata) para una inversión el mes que viene, no la vas a tener.

- ¿Por qué no te fuiste a vivir al exterior?

- Porque quiero a mi país y a mi provincia. (…) Por eso sigo apostando. Porque me gusta el desafío diario. Para mí el trabajo es la sal de la vida y la apuesta es para ver mañana, porque si no tengo ilusión de mañana, ¿para qué vivo?

- ¿No creés que generás envidia?

- Al que sea enfermo le puedo generar envidia. Al que no me conoce. Ayudo a muchísimas gente. Con el solo hecho de tener 3.000 empleados estoy ayudando. Si no, según el pensamiento de algunos, estaría más cómodo teniendo millones de dólares en el exterior y no estaría hoy renegando con impuestos, abusos, tarifas y lo que no te alcanza. Este es un año en el que vamos a trabajar a pérdida. Vamos a perder entre 10 millones a 15 millones de dólares. Porque no alcanza para cubrir los impuestos ni los costos, y están cayendo las ventas. Nos va a costar con los ingenios. Una bolsa de azúcar, con IVA, valía 600 pesos en febrero. Hoy vale 500. 20% menos, con un 30% más de costo.

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