Opinión

Al mal tiempo, buena cara

En medio de la tormenta, el Presidente de la Nación y el gobernador de la provincia siguen mirando las necesidades de cuidar sus proyectos e imágenes. Mientras tanto, la seguridad se vuelve una incómoda costumbre a diario.

Por Federico Diego van Mameren

09 Sep 2018

Santiago siempre saluda. Si hay algo que sabe hacer Santiago es saludar. Llueva o truene, esté triste o feliz, él saluda. El jueves Santiago tenía LA GACETA sobre el mostrador, y releía la página 17 entre incrédulo y enojado. Aquella mañana Santiago saludó, como siempre, pero dijo algo más. “¿Cuál es la noticia?”, preguntó y señaló una nota de mitad de esa página de Policiales. “En Villa Urquiza contratan vigías para ir hasta la parada de colectivo”. Santiago parecía enojado, pero, en verdad, estaba molesto, incómodo. No tenía ninguna intención de plantear una discusión profunda sobre el valor de la noticia. En un especie de hartazgo soltó: “esto no es noticia. Esto ocurre hace rato. Yo tengo una compañera que viene de cerca de El Manantial y todas las mañanas le tiene que dar unos pesos a alguien para que la acompañe hasta la parada”. “Mire adónde hemos llegado”, murmura casi con el mismo tono con el que suele decir buen día, pero sin el entusiasmo del amanecer sino con la frustración y la melancolía que suele contagiar el atardecer. Santiago vuelve a leer la noticia de LA GACETA y saluda: “adiós, que tenga buen día”.

Difícil armar un buen día. La noticia cuenta que a lo largo de la calle Venezuela ya no se pueda andar y que la única solución es pagar unos pesos para que alguien lo acompañe. Algo así como un guardaespaldas ocasional para salir a la puerta de la casa a tomar el ómnibus. Es la misma calle que hace tres decenios se transitaba como si nada a la luz de la luna o en el calor de la siesta. Unos días antes también había sido noticia “El Tano”, un simple ciudadano que, para que no lo asalten más en la parada de ómnibus, cargaba (y mostraba ostentosamente) un portentoso machete. Sólo para defenderse.

Una sociedad a la defensiva, atemorizada es la que sale todas las mañanas a cumplir con sus obligaciones. Tiene razón Santiago. Nada nuevo. Todo (el miedo y la inseguridad, principalmente) se ha ido haciendo costumbre. El ministro de Seguridad todo lo relativiza y pide paciencia. Acepta que está en medio de una tormenta de la que no le será fácil escapar. No alcanza con la confesión del ministro del área, Claudio Maley, quien insiste en que está trabajando fuerte para que el vecino y el policía puedan ser una fuerte amalgama. José Alperovich y su séquito trabajaron fuerte durante más de un decenio y fue inútil, jamás pudieron crear un Tucumán seguro.

Poca visibilidad

El presidente Mauricio Macri tiene los mismos problemas que Maley. Las fuertes tormentas que sacuden sus timones les están haciendo perder visibilidad y tranquilidad. Sus discursos pueden ser sinceros y hasta certeros, pero cada vez les creen menos. El problema de comunicación del presidente de la Nación ha ido minando el valor de su palabra. Sus pedidos de paciencia y de confianza para salir adelante no se oyen en los sectores sociales más vulnerables. El titular del Poder Ejecutivo ha aprendido a hablar para seducir con sus interlocuciones, pero su historia personal ya lo ha condenado. Tal vez por eso en su discurso del lunes pasado se aferró a su secuestro como el náufrago al desolado tablón que flota en el mar. Y no le alcanzó.

En la semana el corazón de Macri le provocó más taquicardias que los mercado financieros que se convirtieron en los jinetes del Apocalipsis macrista. El Presidente quiso hacer lo que su celebro le ordenaba: Sumar, entre otros a Carlos Melconian y a Alfonso Prat Gay al equipo de trabajo. Los dos habían tenido problemas con el jefe de Gabinete y no querían volver a afrontar esas pulseadas. Ellos no habían sido los únicos, varios aliados, medios y hasta opositores quisieron empujar al abismo a Marcos Peña y a su aceitado equipo encabezado por el dueto Gustavo Lopetegui y Mario Quintana. Al mediodía del domingo menos domingo del año ya no estaba la dupla y sólo quedaba darle el último empujoncito al jefe de Gabinete. Macri estiró sus brazos rescató a su “hijo adoptivo de la política”. Lo salvó, perdió oxígeno su gabinete, se quedó sin recambio y él terminó sufriendo un desgaste innecesario. Prat Gay y Melconian volvieron a perder ante el joven -pero magullado- maravilla del Pro. El Presidente perdió una oportunidad, algo que tampoco tiene el ministro de Seguridad de la provincia.

Partidas simultáneas

Para tranquilidad de Maley el gobernador de la provincia está muy entretenido con sus partidas simultáneas de ajedrez político. Para el canciller Juan Manzur la partida trascendental es la que se juega en el tablero del CFI. Es un encuentro nacional. Se trata de jugadores de primera línea y con muchas partidas en su haber. En la primera reunión que tuvo allí se acercaron cuatro gobernadores. Con el correr de los días el canciller tucumano duplicó la presencia de mandatarios provinciales y la tercera le fue aún mejor ya que sumó una decena de gobernadores que se sentaron a su alrededor. Esta semana tendrá una movida similar y aunque auguran que no habrá un acuerdo, estas reuniones tienen un meta discurso electoral y político de un nivel superlativo. Por un lado sirven para ningunear a Cristina que aún en su afán de mantener su vigencia no puede ilusionarse con volver a la Casa Rosada. Su 30% de votos no alcanzan para ganar en primera vuelta y mucho menos para un balotaje. Electoralmente, cuando la ex jefa de Estado se mira en el espejo, le aparece la imagen de Carlos Menem. Su popularidad le dio satisfacciones, pero su fama enriquecida por la corrupción, la desdibujan.

Por otro lado las reuniones de gobernadores también sirven para consolidar la oposición peronista sin Cristina y para erigir el líder que encabezará el proyecto 2019. Y Manzur se anota en todo.

La otra partida la juega en el tablero institucional. El mandatario ha puesto televisores para monitorear el efecto de la crisis tanto en la vida pública como en la privada. La recesión aún no ha vaciado comercios, pero si ha despedido a más de 10.000 tucumanos. Los empresarios se anticipan en el ajuste antes de que la tormenta se los lleve puesto.

El tercer tablero es político. Con el vicegobernador -el mismo que juró que José Alperovich fue el mejor gobernador de la historia de Tucumán- Osvaldo Jaldo, se muestran juntos como si fueran dos hermanos siameses.

El único interés es demostrarle a Alperovich que, por ahora, él es parte del pasado y que el presente es de Manzur y de Jaldo. Los seguidores del vice mandatario -la mayoría enquistada en la Legislatura- anotan los días que pasan sin que Juan y José se vean. En principio, anoche, esa cuenta se terminó. Mientras estas líneas se imprimían en la planta impresora de LA GACETA el gobernador y el senador debían asistir al casamiento del hijo de un cuñado de Alperovich. En las tierras neutrales de Cafayate y en un musical entorno tenían la oportunidad de volverse a ver y de saludarse. Los que los conocen a ambos auguraban que si se daba el encuentro sólo hablarían de bueyes perdidos porque ambos creen que tanto el uno como el otro pasaron la raya de la traición.

La tormenta y el vendaval hundió en el ostracismo a la dirigencia de la oposición de Cambiemos. Sus dirigentes se llamaron a silencio. Hace un año era comprensible porque Cambiemos sólo pensaba en la reelección de Macri y provincias como Tucumán no importaban. Hoy que tienen que contar los votos de a uno del terruño que sea, la provincia ha vuelto a tomar valor. Por las dudas, y ante las figuras opacadas de la dirigencia y ante la inconsistencia de la postulación de Alfonso Prat Gay, Cambiemos ha mandado a hacer algunas mediciones de popularidad en el sector empresario. Y, aún antes de preguntarles si les interesa algún rol político, han llamado a encuestar a Daniel Lucci, Emilio Luque, Santiago Colombres Garmendia y a Jorge Rocchia Ferro.

Ni yo, ni tu: nosotros

En estos días la Argentina vive en estado de confusión. Aún cuando por la calle Venezuela de Villa Urquiza ya no se puede caminar tranquilo como antes y hay que pagar para sentirse seguro, en nuestra provincia, aún cuando el presidente nos pide que imaginemos un mañana mejor, aún cuando los principales dirigentes del país y de la provincia piensan en ellos y en el 2019 antes que en las penurias de todos los días, la Argentina ha dado muestras que aún cree en una vida democrática y en libertad. Por eso los saqueos se pierden en los laberintos del whatsap o de las redes. Por eso aún en la desesperación de la pobreza y del hambre prima la cordura institucional, como en 2001 y en otras hiperinflaciones. Lo que ha podido superar aún la argentina es la lógica de la dictadura. Esa es una materia que se sigue llevando a marzo. Ante la incertidumbre de qué vendrá o de lo que pueda pasar elige la ruptura. Por eso Manzur y Alperovich no logran convivir o por eso la grieta exige que haya uno u otro y no se conjuguen las acciones en la primera personal del plural. Eso se consiguió sólo cuando la democracia estuvo en peligro como en 2001.