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La crisis golpea y ya se siente en comedores y en hospitales tucumanos

Durante el invierno, personas mayores acudieron a la escuela “del Mercofrut” en busca de alimento y en un comedor de Las Talitas cada vez reciben más beneficiarios. Según el director del Avellaneda, la agudización de la crisis se sentirá en los próximos meses.

Por Francisco Chico

06 Sep 2018

En una escuela, los padres piden delantales y zapatillas. En un hospital, reciben cada vez más pacientes con problemas por mala alimentación. En un comedor, deben hacer malabares con el presupuesto para seguir dando de comer a los beneficiarios, que aumentan cada día. Estas son algunas consecuencias de la crisis económica que se recrudeció en nuestro país durante los últimos meses.

Los índices económicos son alarmantes. En lo que va del año, la moneda nacional perdió más de un 100% de su valor frente al dólar. El Ministerio de Hacienda estima que la inflación de 2018 será del 42%, en vez del 15% que se había proyectado. Aunque en marzo el Indec estimaba que un 25.7% de los argentinos estaba en situación de pobreza, frente al aumento de las dificultades económicas la Universidad Católica Argentina (UCA) estima que más de un 30 % de la población podría encontrarse en esa condición.

En este contexto, el impacto se traduce en situaciones concretas en diversos ámbitos. Así lo explicó Sandra Clemente, directora de la escuela “Nuestra Señora del Rosario de Nueva Pompeya”, más conocida como “del Mercofrut”. “No llegan, es algo que está instalado. Los papás dicen ‘no llego a fin de mes’”, comentó a LA GACETA. Cuando se le pregunta si la situación empeoró en los últimos meses, no duda en contestar que sí.

En el establecimiento dan de comer a los cerca de 650 alumnos que asisten en dos turnos, mañana y tarde. El comedor escolar, que se sostiene a través del Ministerio de Desarrollo Social y del de Educación, se mantiene abierto durante las vacaciones. Ese es uno de los escenarios donde Clemente pudo notar un agravamiento de la situación. “Vinieron más chicos, pero además se acercaron, en estas vacaciones de julio, abuelitos. Personas mayores que contaban que no tenían para comer o que decían ‘tengo niños de 3 o 4 años que todavía no vienen a la escuela y necesitan’”, explicó. Preocupada, añadió que el año pasado esto casi no pasaba.

Otro de los ejemplos que relató la directora gira en torno al anhelo de los padres y madres cuyos hijos cursan el cuarto grado y deben protagonizar el acto del Día de la Bandera. “Muchos papás hacen el sacrificio para que su hijo estrene un delantal cuando jura a la bandera. Este año muchos decían ‘no voy a poder comprar el delantal señorita’”, explicó. Agregó que al pedido de guardapolvos, hace poco se le sumó el de calzado. “Este año hemos tenido muchos pedidos de ayudas por delantales y zapatillas. Las zapatillas que hacía mucho que la escuela no gestionaba para conseguir y ahora lo estamos haciendo”, relató.

En un hospital

En la planta baja del Hospital Avellaneda se destaca la fila de mujeres que, cargando a sus hijos, esperan frente a la ventanilla de Admisión Materno Infantil. Como luego explicará Adriana Arce, la enfermera a cargo del Hogar de Madres que el centro asistencial tiene en el cuarto piso, muchas de esas mujeres internan a sus bebés y deben alojarse en el hospital porque sus niños aún dependen de la leche materna.

Según Arce, en los últimos meses hubo un incremento en la cantidad de madres que necesitan quedarse en el Hogar, donde reciben cuatro comidas al día. “Hay mamás que tienen que tomar cuatro colectivos (para ir al Hospital y volver a su casa). Venir a los dos horarios de visita son ocho colectivos, es muchísima plata”, calculó. Muchas de estas mujeres vuelven a sus casas al menos una vez al día para cuidar de sus otros hijos. “Tienen que hacer maravillas para que les alcance el sueldo. Muchas son mamás solteras y tienen que darles de comer, mandarlos a la escuela; y no, no les alcanza”, contó Arce.

El director del Avellaneda, Luis Medina Ruiz, coincide en que la crisis económica impactó en los pacientes y en los motivos de las consultas. “Sí, lo que vimos son pacientes que tienen obra social pero no pueden pagar el coseguro o no pueden comprar el medicamento y acuden a nosotros”, explicó. Según el médico, hay cada vez más personas que, aun contando con la asistencia de una obra social, deben recurrir a la salud pública para recibir atención gratuita.

También percibió un incremento en los problemas alimenticios. “Por ahí vienen con enfermedades que son por mala alimentación. Hemos notado que hay un aumento; no está medido todavía porque creo que esta crisis aguda de estas semanas la vamos a notar en los meses que viene”, relató. “Creo que la crisis más seria es cuando tiene que disminuir el tema del alimento. Se disminuye la carne y aumenta el arroz y el fideo; eso repercute en los valores de glucosa, colesterol y demás”, explicó.

En un comedor

“Viene más gente. Hay chicos que por ahí faltaban o venían sólo algunos días, pero hoy no. Hoy hay más beneficiarios, chicos que quizás ya no venían ahora están volviendo, y también vienen adultos”, relató preocupada Teresa Aguilar, quien maneja el comedor infantil “El Señor del Milagro” desde hace 20 años. En el local, ubicado en Las Talitas, cerca de 10 voluntarias preparan la comida para unos 170 beneficiarios cada día.

Además, es el propio comedor el que atraviesa dificultades económicas. Aguilar explicó que hasta hace unos meses disponían de $ 11 por menú y que hace poco el presupuesto aumentó a $ 12,50 por beneficiario. A pesar de las carencias, hacen lo que pueden por mantener la calidad de la alimentación, lo que puede afectar el funcionamiento del comedor. “Al gastar más, el convenio (que firman con la Nación para obtener fondos) dura menos. El mes pasado estuvimos cerrados 10 días mientras se preparaba la documentación para recibir más desembolsos (y retomar la tarea)”, explicó.

La situación económica impacta de manera directa en la vida de los tucumanos. La crisis repercute en el día a día de las personas. Aguilar es contundente sobre quiénes son los más perjudicados. “Siempre termina pagando los platos rotos el más débil. ¿Quién paga las consecuencias de la crisis? El de abajo. La gente de los barrios”, reclamó la referente social.