Dos nuevas denuncias contra el docente Eduardo Hassan se sumaron la semana pasada a un expediente que cada vez se engrosa más. Y si bien todavía no han sido tratadas por el Consejo Directivo de esa unidad académica, se espera que lo haga la semana que viene, informó ayer la decana Liliana Zeman.

En la UNT se percibe un clima de que no hay marcha atrás, de que no queda lugar para minimizar o, peor aún, ocultar los casos de discriminación, acoso, abuso o cualquier otra manifestación de la violencia de género.

Según los denunciantes, casos como el de Hassan y ahora uno en la Facultad de Derecho, se remontan a 20 y a 30 años atrás. Durante todo ese tiempo, los docentes cuestionados habrían acosado, perseguido y discriminado a estudiantes, principalmente mujeres, de manera sistemática.

“Era algo sabido”, “son cosas que siempre se supieron”, “en los pasillos siempre se lo ha comentado”... son las respuestas de docentes, alumnos y autoridades universitarias cuando se les consulta sobre por qué recién ahora estos casos ven la luz.

Herramientas

Las redes sociales y el nuevo Protocolo contra la violencia de género que funciona en la Universidad son dos de las herramientas que comenzaron a cortar con estos años de silencio y, quizás, de ocultamientos oficiales. Pero también es cierto que el tiempo y el pensamiento han cambiado, y de a poco todos los actores se van notificando.

“Son chistes, todo el mundo se ríe”, justificaba Hassan en torno a sus comparaciones entre los hombres y las mujeres en las aulas, siempre en detrimento de las segundas. “Esos chistes ya no son chistes, ahora son actos antijurídicos”, dejó en claro la decana de Derecho, Adela Seguí, durante una entrevista con LA GACETA. “Lo bueno de todo esto es que la Universidad no se haya podido abstraer de los reclamos sociales contra el acoso y la violencia contra las mujeres. Es una institución que no podía estar exenta de reproducir esos patrones patriarcales afincado en toda la sociedad. Entonces, también ha propiciado asimetrías, como toda la sociedad”, sentenció Soledad Deza, abogada especializada en género, y referente en la Facultad de Derecho del Protocolo contra la violencia y la discriminación que ha puesto en marcha la Universidad.

En la academia han sonado algunas voces que temen que el Protocolo se convierta en una herramienta de persecución política, que cualquiera pueda denunciar a cualquiera para manchar su buen nombre.

Qué dicen los docentes

“Los docentes tienen que estar muy tranquilos, nadie es mejor juez de su propia conducta que uno mismo. Quien no incurre en conductas incompatibles con las leyes vigentes, no tiene de qué preocuparse. Nadie puede pensar que sea una herramienta de persecución, sino un sistema para proteger a los más débiles del contrato educativo”, finalizó.

Otra gran inquietud es cómo reaccionarán los gremios docentes ante las denuncias de sus agremiados, a quienes, en principio, debería proteger. Pero en esta temática, esa relación no parece ser tan lineal. “ Vamos a apoyar incondicionalmente las investigaciones sobre las denuncias por violencia. En el caso de Hassan, en nuestra opinión el docente no debería volver a la Universidad. Nosotros reivindicamos el trabajo de nuestra Comisión de Género”, expresó ayer Ariel Osatinsky, secretario general de Adiunt.

Inquietud

“Cada caso deberá tratarse de manera particular. En el caso del profesor acusado de abuso en el Gymnasium nosotros apoyamos inmediatamente la denuncia. En Odontología la promovimos. Creemos que la Universidad no puede repetir los errores del pasado, de mirar para otro lado en estos casos”, remarcó el dirigente, quien aprovechó para insistir en las observaciones que hace el gremio al Protocolo: “creemos que los docentes y los estudiantes deberíamos participar en ese mecanismo, y ya mantuvimos una reunión con el Rectorado para plantear esa inquietud”.


testimonio 
adela seguí: “no era una jovencita débil ni desprotegida, pero me pasó igual”
Los casos de acoso en la Facultad de Derecho, donde ahora se cursan dos denuncias formales contra un docente por acoso sexual, parecen ser una mala costumbre enquistada desde hace décadas. La propia decana, Adela Seguí, admitió que en sus años de estudiante le tocó vivir al menos dos situaciones de acoso por parte de docentes. “Yo no era particularmente una jovencita débil ni desprotegida, pero me pasó igual. Una vez mientras me tomaban examen un docente me tocaba la oreja, me sacó un aro, me lo volvió a poner mientras yo seguía hablando... Otra vez, ya recibida, un profesor intentó tocarme. Eran situaciones raras, pero que en ese mismo momento no las tomábamos como acoso. Muchos años después, diría que en los últimos años, pude darme cuenta de qué se había tratado. Por eso yo rogaba que alguien denunciara al docente que está denunciado ahora, porque de él se sabían cosas, pero siempre fueron solo rumores”, contó.


> Testimonio 
Adela Seguí: “no era una jovencita débil ni desprotegida, pero me pasó igual”

Los casos de acoso en la Facultad de Derecho, donde ahora se cursan dos denuncias formales contra un docente por acoso sexual, parecen ser una mala costumbre enquistada desde hace décadas. La propia decana, Adela Seguí, admitió que en sus años de estudiante le tocó vivir al menos dos situaciones de acoso por parte de docentes. “Yo no era particularmente una jovencita débil ni desprotegida, pero me pasó igual. Una vez mientras me tomaban examen un docente me tocaba la oreja, me sacó un aro, me lo volvió a poner mientras yo seguía hablando... Otra vez, ya recibida, un profesor intentó tocarme. Eran situaciones raras, pero que en ese mismo momento no las tomábamos como acoso. Muchos años después, diría que en los últimos años, pude darme cuenta de qué se había tratado. Por eso yo rogaba que alguien denunciara al docente que está denunciado ahora, porque de él se sabían cosas, pero siempre fueron solo rumores”, contó.