Hugo Rodríguez se sentó en el banquillo de los acusados para contar toda la pesadilla que vivió en los últimos casi 12 años. El ex policía que vive en Tapia, con estilo campechano, se encargó de hacer estallar bomba tras bomba en la séptima audiencia del juicio por el crimen de Paulina Lebbos. “Al cuerpo lo movieron”, dijo. “Me amenazaron para que diga que al cuerpo de la chica lo encontraron los policías”, agregó. “Quería colaborar con la Justicia, pero terminé enredado en todo esto”, indicó ante una sala que quedó perpleja con su declaración.

El ex uniformado está imputado por encubrimiento. Por ejemplo, lo acusan de haber mentido sobre la persona que encontró el cadáver en la vera de la ruta que conduce a Raco el 11 de marzo. Él dijo que el hallazgo fue realizado por Marcelo y Sergio Goitea y que, por pedido de ellos, fue él quien le avisó a Enrique García de la situación. “Después de que llegaran todos, me dieron ganas de orinar. Pese a que estaba oscuro, había gente por lo que decidí alejarme unos 30 metros. Cuando volvía, me encontré con dos hombres que me dijeron: ‘Ehh chango, ¿vos sos Rodríguez? Les dije que sí y con tono firme me dijeron: ‘mirá sabimos donde viví y cuanto hijos tení. Esto lo ha encontrao la cana. Ya sabí’ (sic)”, declaró.

Barrera también apuntó contra el ex comisario García por las maniobras de encubrimiento

Explicó además que no pudo identificarlos. “Estaba oscuro ya y había mucha gente. Después de haber estado parado dos horas esperando que llegara el comisario (Enrique) García comenzó a llegar todo el mundo hasta en camionetas vinieron. Estaban todos los jefes de la Policía, pero no me arrimé a ellos porque me retiraron sin razón después de haber servido 18 años”, explicó ante el Tribunal.

El acusado indicó que después de haber vivido esa situación, decidió regresar a su casa. “Al día siguiente vino García a casa para decirme que lo llevara a ver a los Goitea. Me subieron al móvil y fuimos hasta su casa. De ahí pasamos a la comisaría de Raco. Ellos se encerraron en una piecita chiquita y me fui al fondo. Allí me quedé cerca del horno en el que hacíamos pan y asados mirando los cerros. No sé qué pasó adentro”, relató.

“Nunca participé de una red de complicidad”, asegura Rodríguez

“Pensé que todo había terminado allí, pero no. El lunes 13 volvió García a mi casa. Me dijo que tenía que presentar ya todas las actuaciones porque el fiscal lo iba a meter en cana. Me pidió que firmara como testigo. Leí una parte y después firmé. Cometí un grave error. Ahora me doy cuento que me la han hecho muy bien”, explicó.

Rodríguez, en medio de los revuelos de las partes que pugnaban por ver las fotos que figuran en el expediente, fue contundente: al cuerpo de la joven lo movieron en la noche del 11 de marzo y la mañana del 12. “No sé qué pasó, pero el cuerpo no estaba como cuando lo vi por primera vez”, concluyó.

Careo

Por pedido de Cergio Morfil, el tribunal aceptó que su defendido Héctor Brito, por esos entonces titular de la Unidad Regional Norte, se careara con Hugo Sánchez y Nicolás Barrera, ex jefe y subjefe de la fuerza. La idea era determinar si el ex jefe de URN les había comunicado del hallazgo del cuerpo de Paulina a los titulares de la Policía. La medida se desarrolló porque ninguno de sus superiores al declarar dijeron que él les había informado del hallazgo. Vale la pena aclarar que en la causa se comprobó esa versión a través del entrecruzamiento de los llamados telefónicos que hicieron los tres el 11 de marzo.

Brito contó con lujo de detalles lo que le transmitió a sus superiores. Sánchez señaló que no podía confirmar o desmentir que había recibido una llamada por parte de él. En tanto que Barrera dijo que tampoco recordaba si era cierto, porque él estaba seguro de que la novedad se la había transmitido un secretario. “Con mi grado y mi experiencia en la fuerza no podía transmitir semejante novedad a un secretario o a un ayudante”, aseguró el ex URN.

“Creo que el que terminó mejor parado en el careo fue Sánchez. No dijo que sí, ni que no. Mientras que Barrera se ofuscó demasiado”, indicó Carlos Posse, defensor de Rodríguez. Morfil, representante de Brito comentó que “quedó demostrado que mi defendido cumplió con la obligación de avisar a sus superiores”. “Él fue clarito: la información que manejaba era para que sólo sea transmitida a los jefes de la fuerza. Por algo habrá sido”, opinó Emilio Mrad, querellante.