Una larga y dolorosa enfermedad acabó hoy con la vida de María Martha Serra Lima, que le dedicó sus últimos 40 años al canto. A los 72 años, su salud se desmejoró en los últimos meses por unas lesiones en la espina dorsal que le impedían caminar con normalidad. 

El 30 abril pasado se presentó en Tucumán y, sin saberlo, se despidió de su público. Previo a su show "40 años junto a ustedes", Serra Lima le concedió su última entrevista a LA GACETA. 

- ¿En todo ese tiempo cambió el mensaje romántico ideal?


- No realmente. A pesar de que soy una mujer mayor, los sentimientos los tengo igual que cuando era joven. Vivo un romanticismo casi infantil: a la edad de una quizá ya no se es romántico. Yo soy terrible: veo una película que me emociona y lloro, soy muy llorona. Todo lo romántico me llega mucho. Cuando canto estoy regalando amor. ¡Las canciones que elijo son tan bonitas, tan dulces y tan bien escogidas! Porque no se trata sólo de cantar bien. Hay que elegir bien el repertorio. Es vital. He conocido artistas que tienen una voz bárbara, pero elegían mal el repertorio.

- ¿Cómo fue en tu caso? ¿Te ayudaron a elegir las canciones?

- No pedí ayuda a nadie. Es una cosa mía. Decidí que si quería ser cantante no requeriría ayuda; sí que me ayudaran a trabajar o con los aspectos técnicos de la grabación, por ejemplo. Pensá que tampoco aprendí a cantar ni nada. Fue la casualidad la que me puso a cantar.

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- ¿Cuándo tomaste la decisión de tu vida, cantar?

- Recién a los 34 años, una edad en que a veces las carreras terminan. Era profesora de guitarra, canto e inglés. Tenía alumnos desde los 17 años. Para empezar, papá no quería que trabajara en nada que no fuera en mi casa. Yo era la única mujer en una familia de hombres. Hoy mi padre, Iván Serra Lima, tendría 112 años, y mamá tenía 20 años menos. Él se casó mayor y era muy protector.

- Tu padre fue una gran influencia en tu carrera...

- Papá no quería que cantara profesionalmente. Para él cantar era un don de Dios y no había por qué cobrar por eso. Decía que era una vida difícil y sacrificada, que muy pocas veces se lograba el éxito, que hay envidias y celos... Cuando él murió, yo era joven, tenía 17 años y le hice caso. Él fue cantante de ópera. Pero no vivía de eso; tenía una agencia de autos. Cuando quiso cantar ópera, a los 20 años, la madre lo mandó a estudiar canto en serio, en Europa. Tenía una voz de barítono impresionante: cantó 10 años en el Teatro Colón como primera figura.

- Heredaste el gen del canto.

- Mis hermanos también. Todos cantamos bien. Mi hija tiene una voz divina, mi nieta también. Sí se va heredando el gusto de escuchar buena música, e influye estar en un ambiente donde se habla de canciones, de romance, de cosas lindas. Estoy muy contenta con la elección que hice porque esto me llenó la vida; llego al corazón de la gente a través de una canción. ¿Sabés cómo sueña la gente cuando suena una canción que le llega al alma? Me dicen: “la tercera canción que cantó es mi vida. Usted me la cantó para mí”.

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- ¿La emoción es tu fuente de energía?

- Exacto. No es consciente, pero cuando me veo cantando sonrío, porque soy feliz cuando canto. Y mandar amor es divino, sobre todo en este mundo de materialismo y de falta de sueños. Yo soy una soñadora y todavía me enamoro, por suerte.

- ¿Cómo te preparás antes de cada show, vocalizás?

- No. Lo único que hago es cantar dos o tres canciones para colocar la voz y probar sonido, pero no necesito vocalizar (me resultaría muy aburrido). La suerte es que uno abre la boca y sale lo que quiere expresar.

- ¿Te falta hacer algo? ¿Te falta ganar algún premio?

- Tengo como 40 discos de oro y de platino en el living. Los quiero ir regalando porque desarmé mi oficina y me trajeron todos los discos de platino, de oro, séxtuple platino, el de Los Panchos... Tengo que pensar cómo hago ahora, que estoy en gira larga, por todo el país. Elegí las provincias que más me gustan, empezando por Tucumán, porque tengo sangre tucumana. (mamá siempre decía: “nosotros somos de los Paz de Tucumán”).

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Después de la gira a María Martha la espera su familia -sus dos hijos y sus dos nietas- en Miami. Allá donde vive desde hace 35 años, en una casa de la que disfruta mucho, a orillas del mar.