El de ayer fue el partido de la confianza. Fue un duelo de dos semblantes que venían muy condicionados por lo que había sucedido entre semana. El ganador fue Atlético, que había jugado un flojísimo partido por Copa Argentina, pero las atajadas de Cristian Lucchetti y el golazo de Favio Álvarez levantaron el espíritu del equipo hasta el cielo y por momentos del 3-1 final, pasaron por encima a Racing.

¿Cómo se explica, sino, que después de verse superado por Vélez -un equipo repleto de juveniles-, haya superado en tantas facetas de juego a una experimentada “Academia”? El más confiado fue Álvarez, que trató a la pelota como una reina. La pasó a buscar desde el círculo central muy puntualmente, la hizo conocer todos los rincones de la cancha, los pies de casi todos sus compañeros y hasta el fondo de la red. Todo, con simpleza, velocidad y hasta improvisando, tomándola por sorpresa.


Después del violento remate desde afuera de David Barbona, otro que con su velocidad desequilibró (incluso en la izquierda, donde no había funcionado contra River), tomó el rebote y abrió un marcador que siempre estuvo a favor del “Decano”.

La cita entre Álvarez y la pelota continuaba y tenía sus chaperones: además de Barbona, Guillermo Acosta emergía desde el lateral derecho para meter, trabar y aparecer por sorpresa en el área del visitante. Alejandro Melo y Luis Rodríguez también acompañaban, en su caso, para asustar a Juan Musso.

“Con Luis nos conocemos. Sé donde va a ir y él sabe donde voy a ir yo”, dijo Álvarez sobre el “Pulguita”, luego de que entre ambos, dibujaran un golazo que les dio la clasificación a las semifinales de la Copa Argentina. No fue el mejor partido del simoqueño pero en ese primer tiempo pudo verse la conexión entre ambos.

El vértigo que le aplicaba Atlético a Racing, que venía de perder dolorosamente por las semifinales pero de la Copa Sudamericana, era sofocante. Sumado a la precisión de Álvarez, fue letal.

El 11 mandó un centro perfecto que el “Bebé” conectó de primera. 2-0 y parecía haber más en el depósito. De hecho, había más.

Melo, el otro acompañante, en uno de las decenas de ataques que generaba el equipo de Ricardo Zielinski y que permitía el de Diego Cocca, tiró un centro -a priori inofensivo- y Leandro Barbieri tuvo la mala suerte de meter la pelota en su propio arco.

El segundo tiempo, ya sin Lucchetti que había salido por lesión, sirvió para una tímida reacción de Racing y para que Atlético administre la ventaja. Con la confianza que tenía por ese primer tiempo. Que a su vez, llegaba por esa histórica clasificación. Consecuencias inevitables, consecuencias de la confianza.