Tres meses. Es el tiempo que necesitó Susana Aramayo para dejar de sentir que el gimnasio era un terrible sacrificio. Se calzó el jogging y entró al mundo de los aparatos, por primera vez, a los 30 años. “Era hora de hacer un cambio”, se había planteado entonces la joven diseñadora gráfica y empleada en la Legislatura. “Nunca había hecho nada, me remordía la conciencia”, recuerda. Hoy, a un año, de haber dado ese paso en su vida se volvió fanática del Gym y luce un cuerpo escultural. Como si fuera poco, ahora hasta se anima a competir en el bikini fitness nacional.

Dos meses. Cuatro días. Tres noches. Es el tiempo exacto que precisó Luis María Galíndez (46 años) para alejarse definitivamente del cigarrillo. Su lucha había comenzado tras una angina de pecho. Sabía que después de ese episodio no tenía más opción que dejar el pucho. Y arrancó el desafío, hace dos años, un 1 de agosto. Hizo un curso por internet, leyó un libro y terminó por buscar ayuda en un médico. Supo que había ganado la batalla a mediados de octubre de 2013, una mañana en la que volvió a tomar café y no necesitó la nicotina.

¿Qué hace falta?

Motivación. Disciplina. Fuerza de voluntad. Todo eso hay que tirar al asador si uno quiere cambiar un hábito. Y paciencia. Cual si fuera preso que tacha los días que le restan para salir en libertad. Porque el cuerpo requiere un tiempo para acostumbrarse al cambio.

Si bien los expertos dicen que saber cuánto tiempo le llevará a uno cambiar un hábito es algo que depende mucho de cada persona, un nuevo estudio le ha puesto número a la cuestión: aprender algo nuevo y automatizarlo en nuestra rutina toma un promedio de 66 días.

La investigación fue realizada en el University College de Londres. Según este trabajo, si durante esos 66 días repetimos algo a diario en la misma situación se convierte en una reacción automática. A partir de ese momento no hace falta voluntad, ni tan siquiera pensar en ello intencionadamente, para poder repetir un hábito.

En el experimento, realizado entre 96 voluntarios durante 12 semanas, se probó que con sólo 28 días, como se pensaba hasta ahora, las neuronas no asimilan lo suficiente un determinado comportamiento y es fácil abandonarlo, aclararon los autores.

Otro detalle importante que resultó de la investigación: los hábitos relacionados con el ejercicio físico son los que más cuestan adquirirse, mucho más que incorporar la costumbre de comer una fruta cada día, por ejemplo.

En los gimnasios son más que conscientes de cuánto cuesta adquirir la costumbre de hacer ejercicio periódicamente. Será por ello que, por ejemplo, en el Jockey Gym te proponen pagar una promoción de tres meses con un descuento especial. “Un mes solo no te alcanza para habituarte. Si tenés pagados 90 días, eso te incentiva más a ir hasta que llega un punto que el cuerpo te pide gimnasia”, explica Cecilia Fagalde.

Malena Jarma, profesora de Educación Física, sostiene que la adherencia a la actividad física se adquiere en aproximadamente dos meses. ¿Y cómo nos damos cuenta de que un buen día hemos superado esa barrera? “Cuando ir al gimnasio ya no se vivencia como un sacrificio. Si aprendo a escuchar mi cuerpo me daré cuenta de que la energía me invade si un día no hice ejercicio y que necesito canalizarla por algún lado. Ese es el momento en que tu cuerpo, tu mente y tu alma piden gimnasia”, sintetiza la experta, de Las Acacias Gym.

Agosto suele ser el mes ideal para proponerse un cambio, para juntar fuerzas y dar un salto en la calidad de vida, opinan los expertos. Cuando se acerca el verano, mucha gente quiere mejorar su estilo de vida: bajar de peso y hacer ejercicio. Entonces, es tiempo de hacer cuentas. Necesitamos 66 días. No es tanto. Si empezás esta semana cerca del 20 de octubre ya habrás empezado a sentir la diferencia.

Bajó 21 kilos y lleva 216 meses ininterrumpidos en el gimnasio

No es el prototipo del joven musculoso que pasa horas en el gimnasio. Sin embargo, Martín Cabrera, de 68 años, es el “rey de la constancia”. Lo demuestra con su carnet: tiene el número 89 en un gimnasio que ya lleva más de 90.000 socios. Cuando llegó por primera vez pesaba 97 kilos. “Estaba muy gordo. Un día, en octubre del 98, hice un clic. Dije: no puedo más, tengo que empezar a moverme”, recuerda. Desde hace 18 años, todas las mañanas llega tempranito al gimnasio y se sube a la caminadora por más de una hora. Ese es su cable a tierra, cuenta Cabrera, que es jubilado. Ahora que pesa 76 kilos cuenta cuáles fueron sus claves para añadir a su rutina un cambio tan fundamental: “me costó mucho al principio porque era una hora menos en la cama, haciendo fiaca. Fueron unos seis meses de proponerme firmemente que tenía que levantarme, calzarme las zapatillas y salir al gimnasio. Cuando pasé ese tiempo, este lugar se convirtió en una necesidad para mí. Si no voy, no tengo energías en todo el día”, explica.

Consejos para formar un nuevo hábito

1.- Elegí un objetivo específico. No podemos cambiar o embarcarnos en todo a la vez. Una vez que conseguimos incorporar un hábito saludable, podremos pasar al segundo. 2.- Reflexioná sobre tu meta. Preguntate: ¿qué quiero?, ¿por qué?, ¿para qué? y ¿con qué? Es bueno tener la seguridad y la confianza de que uno está preparado para lograrlo. 3.- Dale lugar en tu vida. Sea lo que sea que vas a empezar, esto necesita tiempo. Si no le buscás un espacio y lo convertís en rutina, seguro que lo terminás postergando. 4.- Remarcalo. Es fácil olvidarse de los nuevos objetivos. No creas en el “debería acordarme”. Resaltalo en tu agenda o usá la alarma del celular para recordártelo. 5.- Comprometete con el cambio. Rodeate de todo lo necesario para empezar. Si empezás un deporte, buscá la ropa adecuada; Si hacés dieta, comprá los alimentos. 6.- Empezá hoy, aunque no sea lunes ni primero de enero. Retrasar todo para el lunes es otra manera de postergar y de dejar que la pereza venza a la fuerza de voluntad. 7.- Emocionate. Las emociones avivan el recuerdo y producen bienestar. Ser un apasionado con lo que se hace fideliza el hábito. Investigá todos los beneficios de este nuevo hábito. 8.- No escuchés la voz interna que te dice que estás cansado, que no tiene sentido tanto esfuerzo. Nuestro cerebro está muy entrenado para buscar excusas. 9.- Practicá una y otra vez. El cerebro hace asociaciones que desencadenan hábitos basados en diversos estados físicos y mentales. 10.- Convertí tu nuevo hábito en tu filosofía de vida. Esto le dará otra dimensión y calma. No se trata de aprender algo ya, sino de que se lo disfrute.