Por Carmen Perilli - Para LA GACETA - Tucumán

Tomás Eloy Martínez se describía a sí mismo como un “peronólogo”. Sus primeras inquietudes surgen de la mítica entrevista a Juan Domingo Perón en 1970, publicada en Panorama. En Lugar común la muerte incluye el relato Perón sueña con la muerte, que puede verse como origen de su ficción. Escribe dos grandes novelas “peronistas”: La novela de Perón y Santa Evita; y recoge las fuentes documentales en Las memorias del general, luego reeditadas. Sus crónicas también leen al peronismo: El sueño argentino; Réquiem por un país perdido y Argentina y otras crónicas.

Si Jorge Luis Borges es la sombra terrible de nuestra literatura, Juan Domingo Perón lo es de la historia argentina. Tomas Eloy Martínez se presenta como el testigo y el intérprete, ya que considera que “La historia del último medio siglo en la Argentina es, en el fondo, la historia del duelo a muerte entre Borges y Juan Perón”.

Los ojos de la mosca

En La novela de Perón el uso del posesivo funda un simulacro de propiedad que parece eludir el nombre del autor sustituyéndolo por el del personaje. El contexto de la aparición de la novela también sembró confusión: apareció por entregas en El Periodista, de Buenos Aires, lo que confundía al lector. Casi 10 años más tarde que las Memorias, el escritor elige la ficción para construir ese duelo de versiones narrativas que es la vida de Perón. En el presente de la lectura, Perón es el hombre viejo que, al borde de la muerte, revisa su historia hasta 1945. Aunque “No era un simple hombre... Mi país entero pasaba por su cuerpo”. La biografía ficticia se teje en los bordes de las Memorias en diálogo con ellas y se abre a las voces. En todo momento la escritura y la muerte están vinculadas, se escribe debajo del cadáver y la obra termina con un cadáver. Una frase de Santa Evita revela la estrategia del autor: “sólo acerté a narrar lo más privado de Perón, no sus hazañas públicas: cuando trataba de abarcarlo por entero, el texto se me quebraba en los dedos”.

Perón intenta controlar la historia, construir su inmortalidad: “No es una estatua lo que busco sino algo más grande. Gobernar a la historia”. Si en Madrid, López Rega escribe las memorias oficiales, en Buenos Aires, el periodista Zamora redacta las Contra-memorias a través de 70 testigos (parientes, compañeros, amigos, enemigos). Esta contra-historia delinea una nueva génesis: la del nacimiento biológico ilegítimo, bastardo, cuidadosamente ocultado. El “cuerpo biográfico” de Perón resulta vaciado por la frialdad y el cálculo.

Tomás Eloy Martínez inscribe su nombre propio; dramatizado en el encuentro con Zamora: “He contado muchas veces esta historia pero nunca en primera persona, Zamora”. La verdad es metaforizada por los ojos de la mosca que la abuela le muestra al niño: “¿Qué ve una mosca, Juan? ¿Ve 4.000 verdades o una verdad partida en 4.000 pedazos?”.

Las moscas con sus múltiples ojos campean en todo el texto, son los testigos molestos que asedian a los personajes.

Las alas de la mariposa

Santa Evita es una biografía y una tanatografía, que aparece en un momento histórico muy diferente: los 90 y el auge de la figura de Eva al que contribuye la película de Alan Parker. En el centro de la novela está la muerte, el cadáver incorruptible, multiplicado en cuerpos y relatos. Tomás Eloy Martínez diferencia el gesto del biógrafo, una suerte de embalsamador, del novelista, que es el que libera los relatos.

En esta novela se puede hablar de la estructura de las alas de la mariposa, un motivo constante a lo largo del libro. Una de esas alas mira hacia el pasado y narra la historia de vida de Eva y la otra hacia el presente y narra la del cadáver. En la necrografía se producen múltiples historias de amor y de muerte. La novela contiene versiones del mito. Tomás Eloy Martínez acude a Walsh, Copi, Perlongher, la ópera, el cine, etcétera. La vida y la muerte se exhiben como espectáculo y el deseo circula alrededor del cadáver. Si hay una propiedad de ese cuerpo vaciado y repetido en siniestras copias es precipitar a todos, incluido el autor, en la desgracia. En el viaje donde todo va cambiando, lo único inmutable es el cuerpo embalsamado y la imagen viva en la memoria popular.

Tanto La novela de Perón como Santa Evita son alegorías que conservan el aliento de los grandes textos del boom, pero alejándose de ellos insisten en la imposibilidad de representación de totalidades, construyen el archivo en el mismo acto en que enseñan los agujeros negros y apuntan a la imposibilidad de armarlo. El peronismo se dice en la vejez y la muerte de Perón y en las derivas del cadáver. Las moscas, seres desagradables, nos enfrentan con las verdades; la mariposa después de las metamorfosis se convierte en incandescente mito.

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Carmen Perilli - Profesora de Literatura Latinoamericana de la UNT.

PERFIL

Tomás Eloy Martínez nació en Tucumán, en 1934. A los 16 años publicó su primer texto en estas páginas y se inició periodísticamente en LA GACETA. La novela de Perón (1985) vendió más de 100.000 ejemplares y fue traducida a más de 20 idiomas. Santa Evita superaría el millón de ejemplares y tendría versiones en 37 lenguas, convirtiéndose en la novela argentina más vendida y traducida de la historia. En 2005 fue nominado junto a seis premios Nobel al Man Booker International Prize, la distinción literaria más relevante del mundo después del Nobel. Sus libros recibieron críticas laudatorias de Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, y del New York Times, The Washington Post y el Times, de Londres, entre muchos otros destacados autores y medios.