Dormimos un tercio de nuestra vida. Aunque parezca tiempo perdido, no lo es. El descanso cumple una función restauradora: conserva la energía y regula la temperatura del cuerpo para poder tener al día siguiente un grado de atención y de actividad satisfactorios. Sin embargo, hay situaciones estresantes de la vida que pueden interrumpir involuntariamente el dormir por períodos cortos o prolongados. Así aparece el insomnio, el trastorno del sueño más común que impide que el cuerpo se recupere como es debido. Y luego vienen las consecuencias.

Dormir es vital
“Dormir es una actividad orgánica sumamente necesaria. Durante el sueño nuestro organismo cumple funciones fisiológicas imprescindibles para el equilibrio psicofísico: se restablece la energía celular, la homeostasis (autorregulación y ajustes dinámicos) del sistema nervioso central y del resto de los tejidos. Además, el buen dormir tiene un papel crucial en los procesos de aprendizaje y memoria”, definió la gerontóloga y geriatra tucumana, doctora Aurora Rueda.

“A medida que pasan los años, sobre todo a partir de la sexta década, van disminuyendo las horas de sueño y esta reducción es de origen fisiológico en el adulto mayor. No así el insomnio: este es un trastorno del sueño cuyas causas hay que indagar. El insomnio no es algo natural en la vejez. Hay que desterrar este mito, buscar las causas y corregirlas. Los hipnóticos no son la única solución. La depresión y el dolor -por ejemplo- quitan el sueño: son causas patológicas del insomnio”, subrayó la médica.

El insomnio también puede ser provocado por la apnea del sueño, la sobrecarga de alimentos, la ingesta de alcohol, las tensiones, la ansiedad y por causas de índole medicamentosa en las personas polimedicadas. Quienes toman diuréticos, por ejemplo, aumentan el ritmo urinario, tienen micciones nocturnas y esta situación les impide dormir y descansar bien.

“No dormir bien durante la noche provoca somnolencia diurna, baja concentración en las actividades, incapacidad para sentirse activo durante el día y hasta puede provocar desorientación espacial. También causa accidentes laborales y de tránsito”, advirtió el doctor Jorge Ávila, neumonólogo y especialista en trastornos del sueño.

La psicóloga Rosina Duarte comentó que tuvo varios pacientes de entre 25 y 35 años que consultaron por problemas de insomnio. “Todos ya habían pasado la experiencia de tomar té y pastillas de venta libre. A poco de indagar sobre sus vidas y actividades, advertí que todos presentaban un alto nivel de ansiedad, algo que no habían declarado en la primera consulta”.

Presiones laborales
Los pacientes con insomnio que atendió la psicóloga Duarte asociaban el problema con preocupaciones laborales y económicas. “Se sentían sobreexigidos -explica-, no podían cortar la jornada laboral y llevaban el tema a la casa. Ahí seguían con lo que no habían terminado, con lo que el jefe les exigía, con la presentación que debían hacer al día siguiente...”, relata Duarte.

El conflicto crecía día a día. Hoy estaban preocupados porque no pudieron terminar el trabajo y al día siguiente se sentían cansados porque no durmieron bien. Por eso no podían concentrarse en el trabajo ni tenían ganas de hacerlo. “Así fueron sumando situaciones que al final restan”, reflexiona la psicóloga.

La plata no alcanza
La segunda causa asociada al insomnio que Rosina Duarte descubrió en sus pacientes fue el problema económico. “Muchos de esos jóvenes sufren porque quieren abandonar la familia e independizarse y no pueden: los alquileres están muy caros y no tienen capacidad económica para comprarse uno, no porque no llegan con el dinero o no califican para los créditos. La terapia los ayudó a ver más claro en estos casos. En cambio, el insomnio crónico, que trastoca la vida y suele estar relacionado con una depresión, el tratamiento es difícil y más largo”, detalló.

Los doctores Rueda y Ávila aclararon que la terapia psicológica por sí sola no basta para solucionar el insomnio crónico. También hay que poner en práctica hábitos saludables, como hacer gimnasia o yoga, evitar el alcohol y el tabaco, la necesidad de instalar la rutina de sueño y vigilia y de respetar esos horarios al menos durante los días hábiles, si es que la persona trabaja o tiene obligaciones al otro día temprano. “Hay que estudiar y tratar cada caso en forma individual”, remarcaron.


TIPOS DE INSOMNIO

Por su duración
Transitorio o agudo: dura entre una noche y una semana.
Subagudo: dura más de cuatro semanas, pero menos de seis meses. Puede deberse a un embarazo, a la pérdida de un ser querido o al estrés.
Crónico: dura más de seis meses.

Por su severidad
Leve: disminuye la concentración
Moderado: genera irritabilidad, ansiedad y fatiga.
Severo: afecta la calidad de vida.

Por la forma en que se presenta
Inicial o de conciliación: el sueño tarda en aparecer.
Intermedio o de mantenimiento: no se duerme de un tirón; hay al menos, una interrupción.
Matinal: el despertar sucede mucho antes de que suene el reloj.


TIPS QUE TE AYUDARÁN A INDUCIR EL SUEÑO
1- Reducí el estrés
Las personas con problemas para dormir debido al estrés suelen tener hábitos que no se llevan bien con el sueño: consumen cafeína y alcohol en exceso, duermen largas siestas, y usan en forma inapropiada medicinas inductoras del sueño.

2- No llevés problemas a la cama
No dejés tus preocupaciones para la hora de dormir. Intentá abordar tus preocupaciones antes de ir a a la cama.

3- Date tiempo para todo
Separá un tiempo para analizar tus preocupaciones, para hablar con tu pareja de aquellas cosas que te causan problemas y, si lo deseás, podés escribirlas en un papel antes de ir a la cama.

4- Restringí la ingesta de cafeína
La cafeína es un estimulante y genera más excitación e interrupciones en el sueño. Si tenés problemas para conciliar el sueño es recomendable que no tomés café después del almuerzo.

5- Controlá el consumo de alcohol
Las personas con problemas para conciliar el sueño suelen beber alcohol para dormir más rápido. Sin embargo, el alcohol inhibe la etapa profunda del sueño, empeora las apneas de sueño y crea adicción. Es decir que el remedio es peor que la enfermedad.

6- Dejá de fumar

O, al menos, evitá fumar de noche y antes de ir a la cama. Con el tabaco, ocurre lo mismo que con el alcohol: en un principio puede hacerte sentir que dormís mejor, pero durante la noche genera episodios de interrupción del sueño.

7- Cená como un mendigo
Evitá comer grandes cantidades de alimentos antes de ir a la cama. La indigestión y el reflujo te mantendrán despierto. No te acostumbres a llevar alimentos o golosinas al dormitorio. “Cenar como un mendigo” sigue siendo un sabio consejo.

8- Date una ducha de agua tibia
Un ducha tibia unos 90 minutos antes de ir a la cama y la ingesta de leche tibia te ayudarán a relajarte. Una buena regla general es no comer nada después de cenar.
9- No mirés el reloj despertador
 Mantené horarios regulares para acostarte y para levantarte.
No duermás siestas de tres horas. Quince o 20 minutos bastan. No mirés jamás el reloj despertador. Dejalo que suene cuando deba sonar.

10- No llevés el TV al dormitorio
Dormí en un ambiente oscuro, silencioso. Escuhá música suave, pero jamás hagás tareas ni mirés TV en el dormitorio.