Otra vez, carnaval “santo” en Gualeguaychú, otra vez un partido dado vuelta in extremis ante Juventud Unida. Este San Martín, que mete miedo cuando juega de visitante, se llevó un triunfo que vale oro: cuando parecía “groggy”, de nuevo se metió en la pelea por el ascenso.
Igual que en el debut de Juan Amador Sánchez, el “santo” se fue victorioso del lugar con un grito a dos minutos del final. El desahogo de Fabricio Lenci llegó envuelto en la polémica. El arquero que da un pasito atrás para contener el cabezazo. El asistente vio la pelota adentro. Y San Martín volvió a sonreír. Antes de eso hubo dos partidos, uno en cada tiempo. En el primero, San Martín no hizo pie en defensa con su línea de tres, en especial por el flanco derecho: por ahí se originó la jugada que desembocó en el festejo de Fornillo. Iban cinco minutos. Peor imposible. El despropósito de la retaguardia se extendió durante toda la etapa y si el local no se fue al descanso con una ventaja mayor se debió a la presencia salvadora del travesaño, por partida doble.
La lesión de “Maxi” Rodríguez posibilitó una primera apuesta de Sialle: entró Silba. Y poco después fue el turno de Ibáñez. Cuatro delanteros en cancha y la pelota a tiempo completo en posesión de San Martín. El “Ratón” hizo de las suyas y se asoció bien con un Becica talentoso pero hasta entonces en soledad. El mismo Ibáñez no parpadeó cuando pateó el penal del 1-1 (también había igualado el cotejo de la fase clasificatoria). Y el tucumano fue por más. Entonces llegó la jugada de la polémica...
En tiempo añadido, el palo le dio otra mano a San Martín. Ahí rebotó un remate de Weissen. Y mientras los hinchas locales descargaban su bronca contra la terna arbitral, un ramillete de camisetas albirrojas se abrazaban a la ilusión del ascenso que durante una hora pareció desvanecerse. ¿Y si San Martín, ante la “maldición” de La Ciudadela, pide jugar fuera de casa? Si es en Entre Ríos, mejor.