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La inflación es el reflejo de crecientes desequilibrios macroeconómicos. Entre ellos puede mencionarse al déficit fiscal, que lleva a que el Banco Central (BCRA) emita moneda para cubrir el desfase entre ingresos y gastos. Como la producción de bienes y servicios crece a menos velocidad de lo que lo hace la emisión monetaria, presiona en el nivel de precios, afirma a LA GACETA el economista Eduardo Robinson. 

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Cuando la inflación es muy elevada, como fue la situación observada el año anterior en la Argentina, el principal costo que acarrea este problema es la gran incertidumbre que afecta al proceso decisorio tanto de las empresas como de las familias, por la imprevisibilidad que ocasiona. Se dificulta la planificación y esto afecta no sólo a la economía, al condicionar las decisiones, sino también a la integridad social.

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Puntualmente, en el proceso que vive hoy la Argentina, la economía no se limita a enfrentar un escenario inflacionario, sino también a saber cuál es el porcentaje real de variación de los precios. Dado que desde hace seis años, cuando el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) fue intervenido políticamente por el Gobierno, las discrepancias entre las mediciones privadas y las oficiales difieren significativamente.  

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Si bien está prohibida la indexación, los acuerdos contractuales establecen cláusulas de cobertura ante la evolución de la inflación. Por ejemplo, en el caso de los alquileres. Se trata de una indexación camuflada, que activa un componente inercial a la inflación. Esto es, por más que el Banco Central deje de emitir dinero, un comercio, tendrá que subir el precio de su producto, ya que tiene que pagar más por el local que alquila.

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En sectores vinculados al comercio exterior la inflación afecta al tipo de cambio real, es decir al tipo de cambio nominal ajustado por inflación. Se incentivan las importaciones y se desalientan las exportaciones. Los sectores exportadores al crecer la inflación, ven disminuir la competitividad cambiaria. Esto afecta la rentabilidad, debilita la demanda de trabajo y termina deteriorando el nivel de actividad.

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Con inflación elevada, las familias no tienen claro cuál será la evolución de su ingreso y de sus gastos. Tal situación por un lado incentiva el consumo, ante el deterioro del poder adquisitivo. Por ello, el capítulo de paritarias que se viene será muy complicado, ya que no sólo se tratará de reparar el salario, sino de lograr ganarle a la inflación. Con inflación alta se encarece el financiamiento mediante tarjetas de crédito o préstamos bancarios.   

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Para el Gobierno también es complicado un escenario de alta inflación, al tener que proyectar ingresos y egresos. Hay un desfase entre gastos e ingresos. Esto lleva a aumentar los impuestos. También afecta a la recaudación, debido al incremento de la presión fiscal. Hay que tener en cuenta que la inflación tiene los mismos efectos que un impuesto legislado, en el sentido que reduce el ingreso disponible, sobre todo los que son fijos.

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Si bien las empresas proyectan egresos e ingresos independientemente del escenario económico que se vislumbre, ante una situación inflacionaria se eleva la incertidumbre. Y surgen dudas sobre si se incrementarán más los precios de los insumos, los costos de producción. También, ¿en cuánto se afecta la rentabilidad?, ¿con qué índice de precios proyectar el flujo de fondos?, ¿se expandirá o se reducirá el consumo?