La depresión es la epidemia del siglo XXI, adelantó hace algunos años la Organización Mundial de la Salud. Y aunque todo el mundo asocia la aparición de este trastorno psicológico con los adultos, los niños también son víctimas, y desde los primeros meses de vida.
"Se puede hablar de depresión infantil a partir del nacimiento mismo, y la forma más temprana que se conoce es la 'depresión anaclítica' descubierta por el psiconalista estadounidense René Spitz en la década del 40. En este tipo de depresión (que se produce en bebés de 6 a 9 meses) el experto encontró la causa de muertes inexplicables de lactantes y niños internados y separados de una madre amorosa por un tiempo prolongado", explicó a LA GACETA Norma Dilascio, psicopedagoga tucumana, estudiosa del tema y autora del libro "¿Necesitan mis hijos ayuda psicopedagógica?".
Carente de afectos
La depresión anaclítica, según explicó Dilascio, aparece cuando existe una marcada carencia afectiva. Spitz realizó una exhaustiva investigación sobre lo que él denominó Síndrome de Hospitalismo y corroboró la influencia que tenía en la salud la larga internación de un niño. Recordemos que a mediados del siglo XX no se les permitía a las madres estar junto a sus hijos día y noche en el hospital, sólo unas escasas horas durante la visita.
"Es decir: si un niño recibe el mejor cuidado físico y la alimentación necesaria para protegerlo de infecciones, pero no es atendido correctamente en sus necesidades emocionales (no le hablan, no le sonríen, no lo estimulan, no lo levantan en los brazos y lo acarician) al poco tiempo pueden caer en depresión anaclítica", señaló la psicopedagoga.
De ahí que la definición de depresión anaclítica sea la depresión ocasionada por la privación del afecto y atención materna o por una pobre relación madre hijo durante el primer año de vida.
Spitz observó que cuando el niño no recibía esas proteínas llamadas afectos empezaba a decaer, no quería comer, perdía peso y finalmente moría de marasmo (un tipo de desnutrición energética por defecto, acompañada flaqueza exagerada).
"No hace falta ser experto en psiquiatría para reconocer cuándo un adulto está deprimido. En cambio, cuando la víctima es un niño, el diagnóstico es mucho más difícil", precisó Dilascio.
Aburrido o hiperactivo
Un chico afectado puede ser triste, pero también un hiperactivo sin objetivos claros; inestable emocionalmente y con trastornos de conducta. Otro signo es el aburrimiento que Dilascio denomina "especial" porque es persistente, paralizante, bloquea el juego y el aprendizaje. En la escuela no se interesa en nada, presenta dificultades para hacer las tareas solo, no termina lo que empieza o siempre está en la luna.
La confusión entre depresión y trastorno de aprendizaje suele determinar estrategias erróneas a la hora de tratarlo: se lo deriva a la psicopedagoga o se lo lleva a la maestra particular, sin advertir que esos estados de vacío son el resultado de una baja autoestima que afectó su tono vital. "Son chicos anémicos, no de glóbulos rojos sino de autoestima", sintetizó.
Un mal de estos tiempos
"El trastorno por depresión en niños es algo que está pasando, es un mal de estos tiempos. Pero puede prevenirse o al menos atenuarse facilitando el desarrollo de las cualidades propias del niño y fomentando las actividades lúdicas", manifestó la licenciada Emilia Elisa Canzutti, psicóloga especialista en vinculación temprana y creadora. Con estos conceptos coincide su colega Adriana Marcela López de "Momento Cero", programa en el que trabajan con padres e hijos para favorecer el desarrollo emocional sano. Ambas son profesionales de la Universidad del Salvador y creadoras del Equipo Psicológico para la Salud (Epsis).
Durante la infancia el ser humano adquiere el lenguaje, las capacidades afectivas e intelectuales, los hábitos y las motivaciones que luego irá desplegando a lo largo de su vida. Por eso, cuando pensamos en la depresión infantil y la incidencia que tiene este mal en nuestra sociedad, creemos que es importante reflexionar en cómo favorecer el desarrollo de la capacidad para estar 'a solas' durante la infancia, sin que eso se convierta en un problema, reflexionaron Canzutti y López.