Cuando la gente sufre, no solo sufre en el cuerpo. "Nuestro ámbito de trabajo son los grupos vulnerables, ya por emergencias o catástrofes, ya porque viven en situación de vulnerabilidad social o económica, casi siempre, ambas", explica la psicóloga Paola Brito. Ella es responsable en Tucumán de la asociación civil Psicólogos sin Fronteras (PSF). La clave es el trabajo voluntario, y participan profesionales (casi todos psicólogos, pero hay excepciones), estudiantes y voluntarios "a secas".
Para todos ellos el voluntariado es una opción de vida, se apoyan en la psicología para encontrar respuestas a las problemáticas con que se enfrentan y están decididos a encarar el año próximo el espinoso tema del suicidio.
"El principio general, del que nacen los demás, es que tanto los problemas como las intervenciones que se lleven a cabo se afrontarán desde una óptica solidaria y plural -explica Brito-. A partir de allí, nos regimos por el respecto absoluto por los derechos humanos, los principios deontológicos de nuestra profesión y la concepción de voluntariado como opción de vida". Sostienen su acción en la participación, como la base de toda acción democrática, creativa, y capaz de generar transformaciones, y en la toma de decisiones compartida y consensuada. "La psicología como disciplina, desde la clínica a la educativa, pasando por la laboral o la social, tiene mucho que aportar. Distintos modos de abordaje pueden confluir y brindar una mirada y una escucha críticas para enfrentar las desigualdades, y ayudar a dar respuestas", añade.
Proyectos en marcha
"El modelo básico de trabajo es la 'investigación-acción', que permite retroalimentar teoría y praxis. Con ese puntal estamos trabajando en dos grandes campos, que a su vez se ramifican", dice la profesional.
Uno de esos campos lo encaran junto con Defensa Civil de la Provincia y tiene que ver con el abordaje de emergencias y desastres. Su actuación, especialmente centrada en emergencias en las escuelas, va desde la capacitación de adultos (en percepción de riesgos y de problemáticas; en manejo de situaciones críticas) hasta simulacros con los Bomberos Voluntarios.
La otra rama de las actividades se subdivide en tres. Dos equipos trabajan con poblaciones vulnerables: uno con chicos del barrio El Palomar, de Banda del Río Salí ("llevamos dos años juntos, y vamos viendo hermosos frutos: bajaron los niveles de violencia, los que crecieron vuelven, como voluntarios, y ellos mismos van logrando donaciones de gente del barrio...", cuenta Brito con la esperanza brillando en los ojos"). El otro, con miembros de un club de abuelos de El Colmenar, a quienes ayudan especialmente a sobrellevar los duelos por los seres queridos que ya no están.
El tercer grupo trabaja en Villa Mariano Moreno en capacitación de líderes comunitarios, que puedan replicar el modelo de trabajo participativo y solidario.
"Hay mucho, mucho por hacer. Y aunque ya somos varios, necesitamos ser muchos más. Toda participación es bienvenida. Queremos habilitar el año que viene un servicio de consejería en nuestra sede. Que los que sufran sepan que pueden recurrir a la asociación", destaca Brito.
Algo de historia
En la década de los 90 grupos de psicólogos españoles, casi al mismo tiempo en el País Vasco, en Navarra y en Valencia, motivados por hechos diversos (una inundación en Navarra, la violencia de la lucha de ETA en el País Vasco y otros) tomaron la iniciativa de asistir poblaciones marginadas social, económica o culturalmente, y a grupos afectados por cataclismos, accidentes colectivos y situaciones conflictivas o sociales graves. Poco después, en 1994, nació la ONG Psicólogos sin Fronteras, y en 2003 llegó a la Argentina. Primero recaló en San Luis y desde diciembre de 2005 funciona en Tucumán.