Semejaba un mojón, al costado de la ruta. La mirada sin brillo de Genaro Acosta se dirigía hacia unos pocos cartones, que cubrían los restos del cuerpo sin vida de su hijo. Su rostro no mostraba ninguna expresión, lo que no era otra cosa que la peor manera de expresarse. "No sé nada; yo estaba trabajando en mi casa cuando me avisaron. Él vive en barrio 11 de Marzo, y hoy había venido a visitarnos", le contó a LA GACETA, con el tono de voz apagado.
Los vecinos de la zona de Amadeo Jacques y autopista de Circunvalación, espectadores de la cruel escena, contaron que Ramón Rosario Acosta (40 años) había sido aplastado por un camión, a eso de las 20 de ayer. No supieron decir de qué camión se trataba, porque su conductor decidió no detenerse. Una versión anónima admitía que Acosta había sido la circunstancial víctima de un intento de saqueo.

Versión
Según narraron algunos testigos, que se negaron a identificarse, un grupo de personas se había abalanzado hacia la ruta cuando se aproximaba el camión, con la intención de obligar al chofer -que manejaba su vehículo de sur a norte, por el carril de la derecha- a frenar para que puedan saquear la carga. El conductor -siempre de acuerdo a la versión de los vecinos- no sólo no aminoró su marcha, sino que aceleró al tiempo que volanteó para cambiar de carril y, de ese modo, esquivar el ataque. Fue entonces cuando atropelló a Acosta, que esperaba para cruzar la ruta.
Para obligar a detener a los vehículos, que seguían transitando por la autopista, los vecinos improvisaron una barricada con cajones y con bolsas de basura.
Consultados por LA GACETA, policías reconocieron que manejaban la versión de cómo había sucedido el accidente que contaron los vecinos. Pocos minutos después de ocurrido el siniestro llegaron al lugar agentes de la seccional 11ª, a cargo del comisario Américo Salas. Estos fueron asistidos por personal de criminalística, que realizó los peritajes de rigor. Inmediatamente ocurrido el hecho, la Policía inició la búsqueda del camión. De acuerdo a lo que dijeron los testigos, no se trataba de un vehículo de gran tamaño; pero no pudieron dar mayores detalles, debido a lo conmocionados que habían quedado.
De fondo, casi en forma constante, se oían los gritos y los llantos nerviosos de algunos familiares de Acosta que iban llegando, avisados por conocidos que vivían en las cercanías del lugar del accidente. Eran contenidos por vecinos y por el propio Genaro Acosta, que debió reprimir su propio dolor para menguar el de sus parientes. Un centenar de personas observaba la escena, en un respetuoso silencio.
Los automovilistas que circulaban por la ruta eran desviados por los agentes. Aminoraban todavía más la velocidad, para espiar las consecuencias de lo ocurrido.