Por Hernán Carbonel
PARA LA GACETA - SALTO (Provincia de Buenos Aires)
"Todas las cosas que han acaecido en las Indias, desde su maravilloso descubrimiento y del principio que a ellas fueron españoles para estar tiempo alguno, y después en el proceso adelante hasta los días de agora, han sido tan admirables y tan no creíbles en todo género a quien no las vido". Así comienza el Argumento del presente epítome con que Bartolomé de las Casas inicia su Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Suele decirse que fueron ellos, los cronistas de Indias, quienes dieron origen a la crónica en nuestro continente.
Luego -cuatro siglos y medio después, ya a mediados del XX- vendría Operación Masacre (1957), de Rodolfo Walsh, libro anticipatorio de un género que no obtendría su denominación ("es la historia de la lengua: lo que no tiene nombre no existe") hasta que en Estados Unidos aparecieran Tom Wolfe, Truman Capote, Norman Mailer, Hunter Thompson, Gay Talese y otros, para fundar el Nuevo Periodismo: la tensión narrativa de la novela, el material propio de una investigación periodística, el fundido de lo mejor de ambos en un mismo texto.
De ahí hasta el hoy con Ryszard Kapuscinski, Jon Lee Anderson y, del Río Bravo hacia el sur, Juan Villoro, Martín Caparrós, Tomás Eloy Martínez y la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, presidida por Gabriel García Márquez, la proliferación de medios gráficos y digitales como Soho, Gatopardo, El Malpensante, Cosecha Roja y Anfibia, y una profusión de nombres de -sobre todo- jóvenes escritores que han encontrado en la crónica el terreno propicio para el desarrollo de su narrativa periodística.
Para testear cómo se desenvuelve el género según algunos de sus cultores, les hicimos cinco preguntas a cuatro ya avezados cronistas y a uno que está muy cerca de serlo.
© LA GACETA