En 1982 la Unesco instituyó el Día Internacional de la Danza en homenaje al francés Jean Noverre, un coreógrafo innovador del ballet clásico. En estos tiempos en que algunos términos se han popularizado, en los que una coreografía se llama "coreo" y las figuras se han convertido en "trucos", la danza vive uno de sus períodos de mayor popularidad. En nuestro país, en particular, hay dos momentos que pueden marcar ese camino: la actividad de Julio Bocca (uno de sus mayores difusores) y la mediatización a través de Marcelo Tinelli, que ha logrado que aquellas palabras, antes encerradas en los talleres y academias, hoy formen parte del vocabulario casi cotidiano. Si a ello se agrega que cada vez se toma más conciencia de que danza y baile son sinónimos, nada parece quedar fuera de ella.

En cualquier diccionario se define que la danza es la acción o manera de bailar; que se trata de la ejecución de movimientos al ritmo de la música (o no) que permite expresar sentimientos y emociones. Detrás de estas generalidades están los estilos y distinciones, como bien advierte Marcos Acevedo, entre la danza como entretenimiento, vinculada con el fenómeno mediático y la danza artística. Es una delgada frontera, es cierto, en la que en muchas oportunidades no es posible esa rigurosa delimitación. Como tantas otras en la que el baile es mucho más que él mismo, en lo que se conoce como danza-teatro o video-danza, para mencionar tendencias que desde hace algunos años marcan una orientación distinta.

Más allá de estas cuestiones de género hay especificidades que se encuentran en las figuras que se construyen en un escenario, en los giros y movimientos, y en la misma existencia de la coreografía (palabra originaria del griego que significa literalmente "la escritura de la danza"). Así las cosas, una coreografía es un conjunto de movimientos y bailes organizados de manera estructural, con un sentido y objetivo específicos; es la estructura de la danza, en otras palabras, y también su propio diseño. Una coreografía es lo que le da vida a una pieza en particular; es como la composición en una pintura o en una partitura, donde el coreógrafo se alza como el director de una puesta en escena, habiendo diseñado los pasos a seguir y cómo se distribuyen en el espacio. La danza se puede leer como signos y de muchos lugares diferentes. Pero bien vale entregarse al goce, simplemente, y en silencio.