No compite por los premios Oscar, pero viene precedida por buenas críticas. Dicen que es una historia sencilla que tiene la virtud de mantener al espectador atornillado a la butaca. Habrá que ver.

El protagonista, Sam Worthington (recordado por su trabajo en "Avatar") llega a un hotel, toma la habitación que tenía reservada, desayuna, escribe una notita, y se decide a salir a la cornisa, aparentemente para suicidarse. En un flashback sabremos que se trata de Nick Cassidy, un policía que un mes antes estaba cumpliendo una condena de 25 años en una cárcel de alta seguridad por un delito que, por el momento, desconocemos. La "acción" del filme comienza con su fuga, y la visita a ese extraño depósito en el que hay documentos, dinero, y otros elementos útiles para cualquier prófugo de la justicia. Desde la cornisa, Cassidy moviliza a toda la ciudad, policía, periodistas, y, claro, los ciudadanos. Para sorpresa de todos, exige a una negociadora en particular, la conflictuada Lydia Mercer (Elizabeth Banks). Ella será quien comience a sospechar que detrás de este intento de suicidio hay algo más.

Al contrario de lo que podría pensarse, la gran mayoría de las escenas en la cornisa no fueron hechas sobre pantalla verde y estudio, sino a la altura real de la narrada en la historia. Según relatan los productores, se usaron complejos y sutiles arneses para sostener a Worthington, quien para colmo sufría de acrofobia (pánico a las alturas).

"Tengo más miedo a caer al suelo y quedar hecho papilla que a cualquier otra cosa -confesó-. Pero el guión me sedujo y para aceptarlo debía dejar mis temores en un segundo plano. Preferí no pensar en lo que tenía que hacer hasta llegar, pero pensé que me iba a resultar espantosa la experiencia".