Es una enfermedad temible. Cuando se muestra, por medio de determinados síntomas, por lo general ya es tarde. Si bien hay casos en los que se logra la curación, la mayoría de las veces el desenlace es mortal y la sobrevida es corta. El cáncer de páncreas acaba de llevarse, en menos de una semana, la vida del genio de la industria informática y fundador de Apple, Steve Jobs, y del ahora mundialmente conocido biólogo molecular canadiense Ralph Steinman, uno de los tres ganadores del Premio Nobel de Medicina 2011.

Ambos decesos pusieron en el tapete esta peligrosa patología, que no tiene tanta difusión como, tal vez, sería deseable, al revés de lo que ocurre con otros cánceres (de mama, de próstata, de cuello de útero, de pulmón, etc.). Quizás sea porque el de páncreas no responde a medida preventiva alguna y no existe método de detección precoz. Simplemente, aparece. Y de la pericia y la diligencia de médico y paciente depende que se descubra en un estadio temprano y que pueda aplicarse un tratamiento curativo.

LA GACETA habló con dos expertos en la materia, Fernando Buabse, cirujano gastroenterólogo y jefe de trabajos prácticos de la cátedra del profesor Alfredo Amenábar en la Facultad de Medicina de la UNT, y Felipe Palazzo, médico de planta del servicio de oncología del Hospital Padilla y jefe de trabajos prácticos en la cátedra de Bioética de la Facultad de Medicina de la UNT.

Ambos explicaron cómo se presenta el cáncer de páncreas, por qué es tan difícil diagnosticarlo y cómo se abordan los tratamientos, entre otros detalles. "Cuando aparece, el cáncer del páncreas lo hace de forma brusca, y por lo general el paciente muere. Los índices de mortalidad son muy altos, porque habitualmente cuando se lo detecta el cáncer ya está en un estadio muy avanzado", explicó Buabse. Apuntó que la sobrevida de los pacientes suele ser muy corta. Por eso llama la atención que Jobs haya vivido siete años luchando contra la enfermedad, y Steinman, cuatro.

"Son casos extraordinarios", puntualizó Palazzo y explicó que en el caso de Jobs ayudó el trasplante de hígado al que se había sometido hace dos años. "A pesar de que se dijo que era un adenocarcinoma (tumores que constituyen el 90% de los cánceres de páncreas), es posible que Jobs haya sufrido un tumor neuroendocrino de páncreas, que tampoco se opera. Son tumores que, generalmente, se tratan con quimioterapia cuando crecen rápidamente o con terapia bloqueante de sustancias neuroendocrinas (con inyecciones)", conjeturó.

En cuanto a Steinman, Palazzo recordó que se había estado tratando con una terapia basada en las células dendríticas, que él mismo había descubierto en sus investigaciones sobre el sistema inmunológico. Sin embargo, aclaró, esta fue una instancia investigativa de la terapia, es decir, el biólogo canadiense experimentó consigo mismo. No es una terapia que esté aprobada todavía.

"Pero, nobleza obliga -advirtió Palazzo-, debo reconocer que la gran mayoría de los pacientes tienen peores pronósticos de sobrevida, simplemente porque el tumor es detectado tardíamente". En cambio, cuando logra operarse y extirparse por completo el tumor, la sobrevida es más larga y hasta hay posibilidades de curarse.