La sentencia por la que se legitima la aspiración de José Alperovich de competir por un tercer mandato en el Poder Ejecutivo significa el debut de la Corte Suprema Racing Club: a partir de ahora, el superior tribunal de la provincia ya no será nunca independiente.

El pronunciamiento debe entenderse como una ofrenda del Poder Judicial al unicato provincial, una rendición incondicionada de la república al proyecto personal de Alperovich. Sólo así pueden justificarse las argumentaciones fictas y los inexplicables silencios en que incurren los jueces en su sentencia.

En su fallo, la Corte ha priorizado una interpretación literal de la disposición transitoria del artículo 159 de la Constitución olvidando principios básicos del sistema republicano, como el de la periodicidad de los mandatos -sólo mencionado en un párrafo de la sentencia- y por sobre todo el ideario del constitucionalismo y su propósito liminar de limitar el poder.

Sin preguntarse sobre cuál era la habilitación legal para que los constituyentes crearan una excepción de idéntica magnitud que la regla en materia de reelección, los jueces concluyen en que la cláusula es válida, legal y legítima. Y eso que en una república nadie debería tener más poder que el que le confiere la ley.