Febrero en Juan Bautista Alberdi. Frente a la plaza principal, la tecnología y el "Rey Momo" juegan al carnaval. Con una netbook en las piernas, Pablo y sus amigos disfrutan de la siesta alberdiana. Por la esquina de la avenida Campero se acercan dos adolescentes en una moto. La mano de Pablo suelta el mouse, ingresa en un balde lleno de agua, saca una bombucha y, con la puntería de los que saben, da en el blanco.
Muchos de los vecinos de la ciudad ubicada 102 kilómetros al sur de San Miguel de Tucumán, pondera la seguridad, el alumbrado público y, sobre todo, la labor social que realiza la Municipalidad. Otros, en cambio, coinciden en que el ruido de los escapes de las motos es insoportable. Pero todos, al unísono, cuestionan el estado de las cloacas.
Algo huele mal
"Cada vez que llueve el hedor es insoportable. Sabemos que el intendente (Luis Campos) no tiene nada que ver, sino que la responsabilidad es de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT)", aclara Olga Arroyo, quien comparte unos mates junto a su esposo Gregorio.
La misma impresión tienen Mercedes Soberón y Viviana Tuma, quienes disfrutan de una charla y unos cigarrillos en un banco de la plaza. "El servicio que presta la SAT es un desastre. La falta de presión en el agua es cosa de todos los días. Vivo en un duplex y llega muy poca agua. O me baño o lavo la ropa", dice Mercedes. "Esta es una ciudad muy tranquila y limpia, pero las cloacas son un desastre; para la SAT parece que no existimos", se lamenta Nené Barraza.
No obstante, la realidad en el centro de la Alberdi contrasta con la de los barrios. "Las calles del centro están muy bien pavimentadas, pero hay lugares donde, cada vez que llueve, no se puede andar. Los que más se inundan son el Cristo Rey y el barrio Sur", asevera Valeria, una quiosquera.
Contención
La mayoría de los vecinos, sobre todo los jóvenes, destacan la contención social que hace el municipio.
Lisy Josso acaba de terminar el secundario. Orgullosa exhibe la netbook que le entregaron y que corresponde al programa nacional Inclusión Digital Educativa, que lanzó el Ministerio de Educación de la Nación.
"En diciembre me entregaron la computadora. Nos facilita mucho el tema de los estudios. En la escuela, los profesores crearon una página en Facebook, donde nos dejaban las guías de estudio", explica.
Valeria Varela trabaja en una zapatería y destaca que Alberdi es su lugar en el mundo. "Cuando los chicos tienen que ir a estudiar, por ejemplo a La Cocha, el municipio, sin cobrar nada, pone colectivos que los llevan y los traen. Es excelente lo que hacen desde lo social", afirma.
En el centro de la plaza, entre toboganes y "sube y bajas", Emanuel Pérez, Franco Bustos y Leonel Rodríguez se divierten con sus computadoras portátiles. "Ahora, que estamos de vacaciones, las usamos para descargar música o para jugar. Cuando empiezan las clases, las utilizamos para bajar información que nos sirva para las tareas", dicen.
Por las calles
Sobre la calle Juan B. Terán, entre Lídoro Quinteros y 12 de octubre, se encuentran las escuelas Normal Florentino Ameghino, la Especial San José y la ENET Nº1. Con una escoba en mano, Antonio Rojas pelea contra el barro y el mal olor que ocasionan las cloacas. Sin embargo, la lluvia trae aparejada otro problema. "En esta cuadra hay tres escuelas y necesitamos que la pavimenten. Cuando llueve, no se puede andar. Está muy bien el pavimento en el centro, pero también deberían fijarse en lo que ocurre aquí", explica Antonio Rojas, quien vive hace 25 años en el barrio 90 Viviendas.
A diferencia de otras ciudades como Concepción o Monteros, Juan Bautista Alberdi cuenta con una terminal de ómnibus. Silvana Aráoz estudia Magisterio en La Madrid y espera el taxi rural que la lleve hasta su casa, en La Invernada. "El colectivo me cuesta $ 12 ida y vuelta; y el 'pirata' me sale $ 9 sólo de ida", afirma. La ecuación no cerraba. "El colectivo pasa en horarios muy separados", aclara.
Nadie mejor que Antonio Moreno, quien trabaja de remisero desde hace 13 años, para describir el estado del pavimento. "Lo peor son los caminos vecinales, que están todos destruidos", explica el vecino.
Muchos de los vecinos de la ciudad ubicada 102 kilómetros al sur de San Miguel de Tucumán, pondera la seguridad, el alumbrado público y, sobre todo, la labor social que realiza la Municipalidad. Otros, en cambio, coinciden en que el ruido de los escapes de las motos es insoportable. Pero todos, al unísono, cuestionan el estado de las cloacas.
Algo huele mal
"Cada vez que llueve el hedor es insoportable. Sabemos que el intendente (Luis Campos) no tiene nada que ver, sino que la responsabilidad es de la Sociedad Aguas del Tucumán (SAT)", aclara Olga Arroyo, quien comparte unos mates junto a su esposo Gregorio.
La misma impresión tienen Mercedes Soberón y Viviana Tuma, quienes disfrutan de una charla y unos cigarrillos en un banco de la plaza. "El servicio que presta la SAT es un desastre. La falta de presión en el agua es cosa de todos los días. Vivo en un duplex y llega muy poca agua. O me baño o lavo la ropa", dice Mercedes. "Esta es una ciudad muy tranquila y limpia, pero las cloacas son un desastre; para la SAT parece que no existimos", se lamenta Nené Barraza.
No obstante, la realidad en el centro de la Alberdi contrasta con la de los barrios. "Las calles del centro están muy bien pavimentadas, pero hay lugares donde, cada vez que llueve, no se puede andar. Los que más se inundan son el Cristo Rey y el barrio Sur", asevera Valeria, una quiosquera.
Contención
La mayoría de los vecinos, sobre todo los jóvenes, destacan la contención social que hace el municipio.
Lisy Josso acaba de terminar el secundario. Orgullosa exhibe la netbook que le entregaron y que corresponde al programa nacional Inclusión Digital Educativa, que lanzó el Ministerio de Educación de la Nación.
"En diciembre me entregaron la computadora. Nos facilita mucho el tema de los estudios. En la escuela, los profesores crearon una página en Facebook, donde nos dejaban las guías de estudio", explica.
Valeria Varela trabaja en una zapatería y destaca que Alberdi es su lugar en el mundo. "Cuando los chicos tienen que ir a estudiar, por ejemplo a La Cocha, el municipio, sin cobrar nada, pone colectivos que los llevan y los traen. Es excelente lo que hacen desde lo social", afirma.
En el centro de la plaza, entre toboganes y "sube y bajas", Emanuel Pérez, Franco Bustos y Leonel Rodríguez se divierten con sus computadoras portátiles. "Ahora, que estamos de vacaciones, las usamos para descargar música o para jugar. Cuando empiezan las clases, las utilizamos para bajar información que nos sirva para las tareas", dicen.
Por las calles
Sobre la calle Juan B. Terán, entre Lídoro Quinteros y 12 de octubre, se encuentran las escuelas Normal Florentino Ameghino, la Especial San José y la ENET Nº1. Con una escoba en mano, Antonio Rojas pelea contra el barro y el mal olor que ocasionan las cloacas. Sin embargo, la lluvia trae aparejada otro problema. "En esta cuadra hay tres escuelas y necesitamos que la pavimenten. Cuando llueve, no se puede andar. Está muy bien el pavimento en el centro, pero también deberían fijarse en lo que ocurre aquí", explica Antonio Rojas, quien vive hace 25 años en el barrio 90 Viviendas.
A diferencia de otras ciudades como Concepción o Monteros, Juan Bautista Alberdi cuenta con una terminal de ómnibus. Silvana Aráoz estudia Magisterio en La Madrid y espera el taxi rural que la lleve hasta su casa, en La Invernada. "El colectivo me cuesta $ 12 ida y vuelta; y el 'pirata' me sale $ 9 sólo de ida", afirma. La ecuación no cerraba. "El colectivo pasa en horarios muy separados", aclara.
Nadie mejor que Antonio Moreno, quien trabaja de remisero desde hace 13 años, para describir el estado del pavimento. "Lo peor son los caminos vecinales, que están todos destruidos", explica el vecino.