Las pirámides de Giza volvieron a abrirse para los turistas. Pero éstos no llegan. Los bazares y los puestos de camellos frente al ingreso a los grandes monumentos egipcios permanecen prácticamente vacíos. La violencia que tuvieron que enfrentar muchos viajeros durante la represión de las protestas antigubernamentales los mantiene alejados.

Docenas de caballos se alimentan junto a un muro sin que nadie los apure a cabalgatas por el desierto. Un joven camello se revuelve en la tierra junto a ellos. La mayoría de los negocios y los cafés permanecen cerrados.

La zona de las pirámides había sido cerrada al público al estallar las manifestaciones el 25 de enero. Desde ayer se abrió nuevamente el acceso, pero apenas hay turistas que las visiten.

Los incidentes violentos, la represión policial y la paralización general del país ocasionaron un fuerte daño a la industria turística de Egipto. Y no llegan contingentes de recambio. Los grandes operadores turísticos suspendieron por el momento sus ofertas de viajes a las orillas del Nilo.

Para Egipto es un golpe fuerte. El turismo genera el 11% del Producto Bruto Interno. Los ingresos anuales del rubro se estiman en el equivalente a 10.800 millones de euros. Algunas empresas comenzaron a despedir personal, algo preocupante en un país en el que el 34% de los jóvenes de menos de 25 años carecen de empleo.

Mohammed se enoja con Al Yazira, que exhibe una "falsa imagen" de Egipto. Pero a la vez reflexiona sobre el origen de la crisis. "Algunos en la cúpula poseen todo, los demás, nada".