Gonzalo Bonadeo es un periodista al que cuesta calificarlo sólo de "deportivo". Al momento de hablar sobre un tema, muestra un conocimiento del mundo que excede el manual y los reglamentos de algún deporte. Con un pie en la escalera del avión que lo llevará a Sudáfrica, accedió a hablar con LA GACETA, vía teléfono, sobre el quehacer político en tiempos de mundiales. La charla se desarrolló como sigue:
- ¿Cree que la dirigencia política aprovecha el Mundial para ejecutar medidas antipopulares?
- Sí, estas cosas ocurrieron. Es un equivalente a lo que sucede durante el verano, en tiempo de vacaciones, y de lo que pudo haber pasado durante los festejos por el Bicentenario. De todos modos, creo que nuestra clase dirigente, casi sin distinción, es tan insolente que no creo que siquiera esperen el Mundial: lo hacen en cualquier momento. Ayer (por el viernes), por ejemplo, se supone que viajaron 30 barrabravas con la selección; y en pocos días, por más que lo nieguen, unos 200 tipos se van a Sudáfrica con nuestros impuestos.
- ¿Recuerda alguna excepción?
- En la historia argentina, quizá el caso de Raúl Alfonsín. El hizo, si se quiere, una contrautilización del Mundial de México. Fijate la grandeza del tipo, que había cuestionado a (Carlos Salvador) Bilardo y, sin embargo, le abre la puerta de la Casa Rosada, les cede el balcón, y él se va, no aparece nunca en el balcón.
- ¿Es un fenómeno local o también pasa en otros países?
- No quisiera ser injusto regionalmente; la primera referencia fuerte de poder es de 1934, y su responsable es (Benito) Mussolini. Antes de la semifinal de aquel Mundial, exige a Victorio Pozzo (técnico de Italia) que todos los jugadores participen de las celebraciones del partido fascista; Pozzo dice que no pueden, que está cerca el partido, y Mussolini les dice, entonces: "por su salud, más vale que ganen". Eso da una idea de que la cosa no sólo era ganar, sino adueñarse de la figura de los ídolos deportivos -mucho más inmaculados que los políticos- para sacar un rédito. Pasa en todo el mundo...
- ¿Puede evitarse esta práctica? La oposición política, ¿puede hacer algo o cabe la responsabilidad en el ciudadano?
- Pasa que, por ejemplo, en la ciudad de Buenos Aires, ¿quién es la oposición? El Gobierno central. Y en Chubut, tanto la Unión Cívica Radical, como el socialismo y el kirchnerismo son oposición. En realidad, pasa más por una cuestión cotidiana. Me parece que el real control debe ejercerlo el pueblo; no los medios ni la oposición, que es fluctuante. Me parece que la sociedad es la que se tiene que encargar. Fijate el impacto de la movilización por el Bicentenario; aunque fue un despropósito que se centralice en la Capital Federal, fue una fiesta magnífica. Y el mayor asombro fue que el pueblo se manifestó en paz; ahí está el límite, en la conducta de la gente. El problema es que sólo nos expresamos masivamente en los comicios; y no exigimos al político que tenga cuidado.