"Gozó de su momento de éxito, pero con el tiempo sumó detractores. Cuando una figura pública se muere, la gente rescata sus virtudes: el accidente ha convertido a Lech Kaczynski en un gran hombre", analiza Manuel Suárez Rueda, filólogo español y docente universitario radicado en la ciudad de Wroclaw, al sudoeste de Polonia.
"Cuando su hermano gemelo (Jaroslaw Kaczynski) perdió las elecciones de primer ministro -en 2007-, el presidente tuvo que contentarse con un papel más bien decorativo", explica el académico a LA GACETA.
El político polonés fallecido en el accidente aéreo de la localidad rusa de Smolensk -cuando se disponía a asistir a un acto por el 70 aniversario de la masacre de Katyn- tenía más apoyo en el campo que en el área urbana. Llegó al poder con un discurso tradicional y conservador, que refrendó durante su paso por la intendencia de Varsovia al promover medidas controvertidas como la suspensión de la Fiesta del Orgullo Gay en 2002). Ultra católico y antisoviétivo, durante el cogobierno con Jaroslaw impulsó una ley que obligaba a 700.000 polacos a confesar sus relaciones con el servicio secreto ruso. Pero una sentencia judicial impidió que la iniciativa surtiese efecto.
Las políticas de los Kaczynski ocasionaron frecuentes disgustos a sus socios de la Unión Europa -UE- (Polonia es miembro desde 2004). En especial, las destinadas a contrarrestar los avances de las minorías sexuales (el gobierno exigió a las escuelas que evitasen la propagación de conductas homosexuales). Euroescéptico, Kaczynski se opuso al Tratado de Lisboa -fortalece la institucionalidad de la UE-, aunque terminó promulgándolo a fines del año pasado.
La derrota electoral de 2007 disminuyó el protagonismo del polémico presidente. La iniciativa política quedó en manos del sucesor de Jaroslaw Kaczynski, el moderado Donald Tusk. Suárez Rueda apunta: "si bien el accidente genera incertidumbre sobre el futuro de Polonia, sin duda habría sido mucho más grave si fallecía Tusk".
"Cuando su hermano gemelo (Jaroslaw Kaczynski) perdió las elecciones de primer ministro -en 2007-, el presidente tuvo que contentarse con un papel más bien decorativo", explica el académico a LA GACETA.
El político polonés fallecido en el accidente aéreo de la localidad rusa de Smolensk -cuando se disponía a asistir a un acto por el 70 aniversario de la masacre de Katyn- tenía más apoyo en el campo que en el área urbana. Llegó al poder con un discurso tradicional y conservador, que refrendó durante su paso por la intendencia de Varsovia al promover medidas controvertidas como la suspensión de la Fiesta del Orgullo Gay en 2002). Ultra católico y antisoviétivo, durante el cogobierno con Jaroslaw impulsó una ley que obligaba a 700.000 polacos a confesar sus relaciones con el servicio secreto ruso. Pero una sentencia judicial impidió que la iniciativa surtiese efecto.
Las políticas de los Kaczynski ocasionaron frecuentes disgustos a sus socios de la Unión Europa -UE- (Polonia es miembro desde 2004). En especial, las destinadas a contrarrestar los avances de las minorías sexuales (el gobierno exigió a las escuelas que evitasen la propagación de conductas homosexuales). Euroescéptico, Kaczynski se opuso al Tratado de Lisboa -fortalece la institucionalidad de la UE-, aunque terminó promulgándolo a fines del año pasado.
La derrota electoral de 2007 disminuyó el protagonismo del polémico presidente. La iniciativa política quedó en manos del sucesor de Jaroslaw Kaczynski, el moderado Donald Tusk. Suárez Rueda apunta: "si bien el accidente genera incertidumbre sobre el futuro de Polonia, sin duda habría sido mucho más grave si fallecía Tusk".