Susceptible y destinada a la furia. Así, en poderoso blanco y negro, se veía la Buenos Aires descripta por Gustavo Cerati en uno de sus innumerables clásicos. Esa ciudad, tan real, entró en pausa durante este fin de semana largo. Hay un tiempo suspendido en la Buenos Aires que le abre sus brazos a León XIV. No pudo recibir en su majestad a uno de sus hijos dilectos -Jorge Bergoglio-, pero el que llega es su acertado sucesor. Durante un puñado de horas, a Robert Prevost lo envolverá la más pura porteñidad.
Buenos Aires le puso un paréntesis al mar de preocupaciones cotidianas y decidió habitar la fiesta. El domingo soleado sucede a un sábado trepidante, en el que dos manifestaciones multitudinarias colmaron las calles de felicidad. En el Obelisco, llegados en procesión desde La Ribera, los hinchas de Boca celebraban ese título tan anhelado que se cristalizó en el descuento y de la mano del héroe ecuatoriano Enner Valencia.
Marcha del Orgullo 2026: María Becerra y La Joaqui alzaron la voz con fuertes mensajesA la vez, la Marcha del Orgullo inundó de música y explotó en mil colores a la largo de la Avenida de Mayo. Desde la 9 de Julio hasta la Plaza del Congreso fue un desfile incesante de carrozas, iniciado tempranito y prolongado hasta que se consumió la noche. Impactó la gigantesca convocatoria de l colectivo LGBTIQ+, una tradición anual que esta vez, en el escenario principal, contó con La Joaqui y María Becerra. La consigna fue por más derechos y por seguridad para la comunidad trans.
Como un vaso comunicante, la avenida Corrientes explotó de público, movida ramificada hacia zonas como Palermo, Villa Crespo, Chacarita, Colegiales y Belgrano. La mañana del domingo se conectó con el océano de turistas volcados a San Telmo.
¿A qué hora llega León XIV a la Argentina y qué actividades realizará durante su visita?El feriado del lunes propone un destino casi obligado. A las 10 comenzará el recorrido del Papamóvil por Avenida del Libertador, desde la calle Olleros hasta el Monumento de los Españoles. Allí está prevista una misa que se iniciará a las 11.30 y que promete convocar a no menos de un millón de fieles. Puro fervor religioso para una ciudad que le está brindando su mejor cara a este acontecimiento histórico.
Buenos Aires no dejó de ser Buenos Aires, ni desaparecieron por arte de magia sus desigualdades ni sus contradicciones. Pero encontró la manera de correrse, aunque sea por un rato, de la agenda de los problemas para entregarse a la celebración. No es poco para una ciudad acostumbrada a vivir a los empujones, entre el apuro y el malhumor. Tal vez no alcance para cambiar nada de lo que vendrá tras el feriado, pero sí para recordar que una sociedad también se construye desde sus celebraciones, sus pasiones compartidas y, sobre todo, su capacidad de reconocerse en el otro